La siguiente discusión después de este mero trámite legislativo en el que se ha convertido el tránsito del Paquete económico del próximo año es la contrarreforma energética del presidente Andrés Manuel López Obrador.

No hay ninguna novedad en que todos los diputados y todos los senadores que están al servicio de la 4T sean irreflexivos y voten como lo manda el Presidente.

Cualquier voz disidente es apagada y se pliega a las instrucciones de este régimen de una sola voz en que se ha convertido la actual administración.

En el Senado el aspirante presidencial y coordinador de Morena, Ricardo Monreal, había prometido un voto libre y de conciencia de su bancada, pero claramente aquí hay una sola voz de mando y quedó claro con la Miscelánea Fiscal, la Ley Federal de Derechos y la Ley de Ingresos de la Federación.

No hay pues, espacio para nada que no se decida en Palacio Nacional. No hay espacio para una discusión pública de lo que el Congreso podría modificar del Paquete Económico, porque para evitarlo ahí están los fuegos fatuos de las mañaneras para distraer con otros temas a los medios y a los ciudadanos.

Pero que esta reciente y enésima muestra de la manera absoluta de ejercer el poder sirva para abrir los ojos a los partidos políticos que todavía creen que en un Parlamento Abierto se puede discutir y mejorar la contrarreforma energética presidencial.

Lo que plantea el Presidente para el sector eléctrico, pero también para el petrolero con la desaparición de los órganos autónomos y para la minería es innegociable.

No se trata de una mejora en el camino correcto de las energías limpias, la producción suficiente y el respeto a los contratos vigentes. Es, en realidad, una iniciativa de pena de muerte para ese sector.

¿Y cómo se negocia una iniciativa de pena de muerte? ¿Se elige entre la horca o el fusilamiento?

Así que, básicamente el PRI que es el partido que dice buscar un Parlamento Abierto para debatir esta contrarreforma, debería tomar en cuenta cómo se resuelve ahora mismo el Paquete Económico: sin escuchar a nadie y con una sola orden válida. 

De hecho, la constante desde que conocimos el resultado electoral de junio pasado ha sido el aumento de la polarización desde la tribuna presidencial.

Los ataques a la clase media y recientemente a la comunidad de la Universidad Nacional Autónoma de México son muestra de que no hay una diferenciación ideológica sino de clientelas políticas, que llega al extremo de creer que se está con el movimiento de la 4T o en su contra, sin opciones intermedias.

Así pues, el Paquete Económico cumplirá con el requisito legislativo sin opciones intermedias, sin opción de alguna modificación, porque los diputados y legisladores a su servicio recibieron el mensaje de que cambiarle una coma es tanto como oponerse a la transformación.

No hay margen de un respaldo opositor a la contrarreforma eléctrica, ni por su contenido ni por este ambiente de confrontación que se ha generado.

Salvo que, claro, sea a través del método del aplastamiento, con presiones a algunos legisladores opositores, que se logre transitar esto por el Congreso. Pero sería tan evidente que el costo sería brutal.

ecampos@eleconomista.mx

Enrique Campos Suárez

Conductor de Noticieros Televisa

La Gran Depresión

Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México, con especialidad en finanzas por el Instituto Tecnológico Autónomo de México y maestro en Periodismo por la Universidad Anáhuac.

Su trayectoria profesional ha estado dedicada a diferentes medios. Actualmente es columnista del diario El Economista y conductor de noticieros en Televisa. Es titular del espacio noticioso de las 14 horas en Foro TV.

Es un especialista en temas económico-financieros con más de 25 años de experiencia como comentarista y conductor en radio y televisión. Ha formado parte de empresas como Radio Programas de México, donde participó en la radio empresarial VIP. También formó parte del equipo directivo y de talento de Radio Fórmula.

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