Aunque hoy es un hecho compartido quejarse de la comida de hospital, en alguna época fue una de las pocas maneras de acceder a las comidas que podrían disfrutar los nobles y reyes.

Acasi nadie le gusta la comida de hospital. ¿Por qué odiamos la comida de hospital? ¿Cómo ha cambiado la comida de hospital a través de la historia y qué es lo que esto revela de nuestras sociedades?

Aunque hoy es un hecho compartido quejarse de la comida de hospital, en alguna época fue una de las pocas maneras de acceder a las comidas que podrían disfrutar los nobles y reyes. La comida de hospitales en la Edad Media era preparada por monjes, por lo que las recetas y preparaciones que los enfermos podían comer eran las mismas confecciones que se realizaban para la corte o para el monasterio. Alrededor del siglo XVIII en Inglaterra, la comida de hospital incluía incluso el alcohol para los enfermos, pues se consideraba era un buen remedio para mantenerlos relajados y en algunas de sus presentaciones, como en la cerveza, se consideraba que era un alimento altamente eficiente para saciarlos, darles energía y a la vez hacerlos sentir mejor.

Mucha de la comida que se servía en un hospital durante el siglo XIX provenía de las donaciones de las esposas de los hospitalizados o de instituciones de caridad dedicadas a preparar la comida para los enfermos. Aunque las clasificaciones y consideraciones sobre lo que era “bueno” o “malo” para comer para un enfermo siempre estuvieron presentes a través de todas las épocas, lo que era recomendado cambió con el paso del tiempo. A fines del XIX y principios del XX con el auge de las ciencias nutricionales, el menú de hospitales empezó a tomar forma de acuerdo con los requerimientos especiales de los pacientes.

Las propiedades de los alimentos como olor, color, textura y sabor no eran cualidades importantes a considerar en lo que se les daba a los pacientes. Es un lugar común quejarse de la comida de hospitales y aviones, muy probablemente porque el contexto de ambas situaciones nos pone en contextos no deseables: el avión para muchos es el mal necesario para poder transportarse, y el hospital, generalmente se vive en circunstancias no deseables.

En años recientes, en algunos países como en Inglaterra y Estados Unidos, por medio de las redes sociales, las personas empezaron a subir fotos de las comidas de hospitales pertenecientes al sistema público de salud, como queja de las pobres condiciones en las que la comida era servida. Este movimiento repercutió en que se empezaron a dar lineamientos para mejorar la presentación y sabor de algunas comidas que se sirven en los hospitales.

La repercusión de estos movimientos ha dado material a analistas para evaluar cómo la relación médico–paciente ha ido evolucionando a través de los tiempos. De ser una figura incuestionable y de respeto, ahora los pacientes de algunas partes del mundo cuestionan la comida que se les sirve durante su tratamiento. Además, en el centro de estos debates, en el discurso queda todavía excluido el papel del nutricionista como el profesional responsable de adecuar los alimentos no sólo por su contenido energético, sino por sus propiedades nutricionales.

La comida de hospital también constituye un objeto de estudio más amplio, que incluye las comidas institucionales. Refleja, en cierta manera, el momento socio histórico de la relación intrínseca de la comida con la concepción de lo que se considera saludable. Las resistencias a las comidas de hospitales son las nuevas rebeldías hacia la relación individuo-institución.

Twitter: @Lillie_ML