El riesgo de que se agrave el conflicto con EU basta para deteriorar la confianza de los inversionistas.

Los datos más recientes de la coyuntura económica china son, en general, positivos. El crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) del segundo trimestre de este año fue de 6.2% interanual, 0.2 puntos porcentuales (pp) menos que el trimestre anterior, y el registro más bajo desde 1992. Aún así, es una desaceleración moderada, que en términos trimestrales ni siquiera se ha producido (el crecimiento trimestral fue de 1.6%, 0.1 pp más que el trimestre previo).

En este sentido, la producción industrial repuntó en junio hasta 6.3% interanual desde 5.0% de mayo, y las ventas minoristas pasaron de 8.6 a 9.8 por ciento. Hasta la debilitada inversión en bienes de capital ha mostrado tenues signos de recuperación en el mes. Y todo ello, en un contexto de incremento de las tensiones comerciales con Estados Unidos.

En este panorama globalmente favorable, la inflación muestra tensiones alcistas (2.7% en junio), acotadas al aumento en el precio de los alimentos por problemas de oferta como resultado del brote de peste porcina africana, que disparó los precios de la carne de cerdo.

Pero el crecimiento reciente se ha sostenido en parte gracias a dos factores transitorios. En primer lugar, el adelanto de compras de automóviles por la entrada en vigor desde el 1 de julio de un nuevo estándar de emisiones, que llevó a la industria a reducir los inventarios de vehículos con ofertas. No obstante, es previsible que las ventas del sector se ralenticen a lo largo de los próximos meses.

En segundo lugar, el gobierno central aumentó significativamente la cuota de emisión de bonos especiales a principios de año. Dicha medida tenía por objeto fomentar la inversión en infraestructura y, aunque no se puede negar que ha cumplido su función como estabilizador de la inversión en activos fijos, todo indica que, tras utilizarla exhaustivamente en la primera mitad del año, a la cuota le queda poco para agotarse.

Este dato, además, confirma que los gobiernos locales deben encontrar nuevas fuentes de financiamiento con las que respaldar su inversión en infraestructuras a lo largo del segundo semestre, ya que es poco probable que el gobierno amplíe la cuota en lo que queda de año. Con la desaparición de ambos factores puntuales, es posible que las presiones a la baja frenen la economía china durante la segunda mitad del año. La situación es aun más compleja, si cabe, debido al conflicto comercial con EU, que aún no se ha resuelto. Si bien ambos países alcanzaron una tregua pasajera en junio, tras el cara a cara entre los presidentes Trump y Xi durante la Cumbre del G20 en Osaka, el mero riesgo de que se agrave el conflicto basta para deteriorar la confianza inversora y la actividad, al menos en el sector exportador.

Ante este contexto, tradicionalmente las autoridades chinas promoverían estímulos con los que estabilizar la economía y contrarrestar todos los factores adversos que amenazan al crecimiento, pero creemos que, en esta ocasión, responderán con políticas más comedidas a lo habitual.

El nivel de deuda privada, que ha alcanzado dimensiones alarmantes y acapara la atención de las autoridades, hace imposible que la administración ponga en marcha más medidas con las que impulsar el crecimiento a través del aumento de la deuda empresarial. Según las estimaciones del Banco de Pagos Internacionales, el total del nivel de deuda de China ascendía a 254% de su PIB a finales del 2018.

Cabe señalar que la mayor parte de la deuda del país corresponde al sector corporativo. De seguir aumentando la deuda, se agravaría la amenaza que ya supone para la estabilidad del sector financiero chino ante cualquier cambio de las perspectivas de pago de la misma. Por tanto, es imperativo que las autoridades consoliden una tasa de crecimiento suficiente, por una parte, y que, por otra, eviten la acumulación de deuda.

En conclusión, mantenemos nuestra proyección de crecimiento anual de 6.0% para el 2019.

A nuestro pronóstico cabría añadir un leve riesgo alcista si se alcanzara una solución satisfactoria al conflicto comercial con EU.

Es necesario, además, destacar que las autoridades deben utilizar con precaución las herramientas de política económica disponibles, a fin de evitar no sólo un aterrizaje forzoso del crecimiento, sino también riesgos financieros.

*Economista en jefe para Asia en BBVA Research.