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Carabineros a la mexicana
El arqueofurtivismo con fines de lucro genera cada vez más indignación, condenas morales y endurecimiento de medidas orientadas a frenarlo. Nos referimos al tráfico y venta de bienes culturales de procedencia ilícita, donde el Código Internacional de Ética para Marchantes de Bienes Culturales, adoptaco por Unesco en 1999, ya no es suficiente.
México tiene pendiente la aprobación del Convenio UNIDROIT para subsanar las tres carencias de la Convención de 1970 (que no es retroactiva, que no surte efecto directo en el derecho interno de los Estados, y que no involucra a agentes privados). Asimismo, consolidar el protocolo de actuación establecido entre el INAH, SEGOB y SRE para el reclamo y repatriación de estos bienes.
En ese sentido, el presidente ha ordenado a la Guardia Nacional, en presencia de Roberto Riccardi, Comandante de la Unidad de Carabineros que tutela la protección del patrimonio cultural en Italia, la conformación de un área similar, espacializada en la protección y recupración de bienes culturales. La propuesta no es mala, pero es producto de las prisas, el combustible de las ocurrencias.
Decir que México seguirá el ejemplo de Italia, que cuenta con una verdadera unidad de agentes especializada y capacitada profesionalmente en arte e historia y que trabaja de forma coordinada con las áreas de cultura, ministerio del interior, aduanas, Unesco, Interpol… es creer que todo es cuestión de nomenclatura. Los carabineros italianos no andan de albañiles de la nación, trabajan en áreas especializadas que van de la arqueológica al peritaje de falsificaciones. Nuestra Guardia Nacional trabaja en la construcción de un aeropuerto, de cuarteles militares, de un sistema ferroviario y hasta de sucursales bancarias. En sus ratos libres realiza acciones de vigilancia, seguridad pública y resguardo de insumos médicos, entre otras.
Existe una Unidad Especializada en Investigación de Delitos contra los Derechos de Autor y la Propiedad Industrial en la Fiscalía General. Unidad que controla y supervisa la aplicación de la normatividad en esta materia, con acciones de prevención, investigación y persecución de infracciones y delitos. La fiscalía pudo ser el espacio para esta pretendida área especializada.
Por otro lado, la iniciativa presidencial es una lección para Francia, que en el terreno de las subastas, no ha sido congruente con su conciencia histórica y su contribución al espíritu de la Unesco en esta materia. Lo mismo para Alemania, que hace un año organizó, de la mano de Unesco, la Comisión Europea y el Consejo de Europa, una conferencia internacional sobre multiculturalismo, donde la protección del patrimonio y la lucha contra el tráfico ilícito de bienes culturales, fueron el tema central, en el marco de lo 50 años de la Convención de 1970 y del primer Día internacional contra el Tráfico Ilícito de Bienes Culturales. Italia es distinto, es un ejemplo de buenas prácticas en materia de derecho a la cultura. Desde Enrico Spagna Musso, Alessandro Pizzorusso hasta el propio Roberto Ricardi.
Ahora bien, ¿Tiene la Guardia Nacional las facultades para llevar a cabo la tarea asignada? La respuesta es sí. En los principios y fines establecidos en su ley de creación tiene las competencias necesarias. Sin embargo, no es un tema competencial en términos jurídicos, sino en términos de capacidad.
El 15 de abril de 2019, Jack Lang, ex ministro de cultura de Francia del presidente François Mitterrand, vio arder desde su terraza la Catedral de Notre Dame. No pudo resistirse y; según cuenta en su libro (Una revolución cultural. Dichos y escritos), sugirió dos cosas al presidente Macron: “Fije un plazo”. Y la segunda: “Usted debe nombrar a un comandante en jefe”. Macron fijó 2024 como como la fecha de la reconstrucción, y nombró, para dirigir los esfuerzos, a Jean-Louis Georgelin, un general. Nosotros no tenemos esa tradición, y visto lo visto, tampoco esa capacidad.