Estamos en una época muy interesante y polarizada. Algunos de mis conocidos son muy optimistas por lo que pueda pasar en México el próximo año; otros por el contrario son sumamente pesimistas. Yo prefiero intentar dejar las emociones a un lado para poder ver el fondo de las cosas. Hoy se tiene muy clara la importancia de mantener una estabilidad macroeconómica: de eso no me queda la menor duda.

De todas maneras, desde hace mucho tiempo me he dejado de preocupar por los factores externos e internos que puedan afectar mis finanzas personales y que no puedo controlar. Entiendo que la economía global se mueve de manera cíclica y hay épocas de vacas gordas y flacas. Por eso me enfoco mejor en mis objetivos: es más importante la constancia y tener una estrategia de inversión sólida y consistente con ellos. Pero también controlo mis riesgos: diversifico, tengo un fondo para emergencias y una protección adecuada.

Creo que es lo mejor que se puede hacer, porque el mundo cambia todos los días y nadie, ni siquiera los expertos con décadas de experiencia en el estudio de las distintas variables económicas, saben a ciencia cierta qué es lo que va a suceder. Siempre hay contextos y decisiones inesperadas. Un ejemplo claro es el Brexit, pero hay muchos otros.

Entonces, independientemente de lo que pueda pasar en México y en el mundo, yo sigo ahorrando e invirtiendo para mi retiro. Mantengo una diversificación global en mi portafolio, amplia, que he definido con base en mi horizonte de inversión y mi tolerancia al riesgo. También hago un rebalanceo de mi portafolio una vez al año (es más que suficiente) para que se mantenga como lo he definido.

Nuevamente, me enfoco en lo que sí puedo controlar, en mis propios objetivos, en mi plan financiero. Sigo en mi camino pase lo que pase, aunque sé que pueda haber una tormenta; eso es lo que recomiendo a las personas hacer, porque si uno está bien preparado, va a salir adelante a pesar de ella.

Por lo mismo no me gusta endeudarme. Evito las deudas de corto plazo pero también las que son a meses sin intereses (siguen siendo un compromiso de pago). Entiendo que ellas me restan flexibilidad porque son cosas que tendría que pagar con dinero que ganaré en el futuro (y que por lo tanto no podré usar en otras cosas que quizá sean más importantes para mí). Prefiero que mi compromiso de pago sea conmigo mismo, con mis objetivos financieros, no con los bancos.

Ya no tengo tampoco una hipoteca. Logré pagarla en cinco años, porque hice pagos anticipados utilizando cualquier ingreso adicional que recibía: bonos, fondo de ahorro o aguinaldo.

No olvido tampoco que la protección de mi patrimonio es un pilar fundamental. En ese sentido, un fondo de emergencias es esencial porque brinda un “colchón” importante para hacer frente a lo inesperado. Pagar gastos no cubiertos en mi seguro de gastos médicos mayores, o para reparar la casa cuando sale una humedad, sin afectar mi presupuesto.

Los seguros también son fundamentales. Tengo cubierto mi activo más importante que es mi capacidad de generar ingresos, mediante un seguro de vida con invalidez (y con un ahorro garantizado), además de mi salud y mi hogar.

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com