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Opinión

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Absurda ley seca en ?Semana Santa en el DF

Ayer anunció el gobierno del Distrito Federal que con motivo de la festividad religiosa de la Semana Santa 2014 se suspenderá la venta de bebidas alcohólicas en todas sus graduaciones en ocho delegaciones del Distrito Federal.

Las delegaciones donde no habrá venta de bebidas embriagantes –lo cual no significa que no se vaya a tomar- son Álvaro Obregón, Azcapotzalco, Cuajimalpa de Morelos, Gustavo A. Madero, Iztapalapa, Miguel Hidalgo, Tláhuac y Xochimilco.

La restricción, mediante la cual nuestras honorables autoridades nos hacen saber que somos ciudadanos menores de edad a los que hay que cuidar porque no sabemos conducirnos bien cuando nos dan libertades, se aplicará de las 00:00 a las 24:00 horas los días 17, 18, 19 y 20 de abril, con el fin de prevenir posibles actos que pudieran trastornar dichos eventos (me imagino que se refiere a los eventos religiosos) y consecuentemente salvaguardar la integridad física de participantes y público en general .

La prohibición, según el acuerdo emitido por la Secretaría de Gobierno del Distrito Federal y publicado en la Gaceta Oficial, será en cantinas, pulquerías, bares, cervecerías, peñas, salas de cine con venta de bebidas alcohólicas –en las que no haya no, dijo el alcalde de Lagos-, cabarets –sólo los que abran, digo yo-, vinaterías, tiendas de abarrotes, supermercados con licencia para venta de vinos y licores –a los que no tengan licencia que ni se les ocurra-, tiendas de autoservicio y tiendas departamentales.

Asimismo –agrega el redundante y más que obvio acuerdo- centros nocturnos, discotecas, salones de baile, restaurantes, fondas y en cualquier otro establecimiento mercantil similar, etcétera, etc.

Aquí me gustaría argumentar en contra de la disposición. Además del paternalismo autoritario que, en nuestro país, toda instancia de gobierno que se respete tiene que ejercer o simular con hipocresía; la obviedad de que no por cerrar en ese día los expendidos de bebidas, éstas no pueden adquirirse días antes para ingerirse en los días vedados.

Además, las delegaciones en las que está prohibida la expedición de los líquidos que atarantan colindan, mediante una calle, con las delegaciones en las que sí está permitida la venta.

Algo que considero muy importante. Por ser de riguroso asueto los llamados santos, son días adecuados para que vengan a la Ciudad de México turistas de diferentes estados de la república que seguramente querrán tomarse una cerveza o echarse un trago en el bar del hotel donde se hospeden y éste puede estar en la zona de ley seca.

¿Antes de emitir la disposición absurda –por inoperante- la autoridad correspondiente pensó en la cantidad de dinero que dejarán de percibir los centros turísticos por su gazmoñería pueblerina?

Oí por ahí

La pequeña historia que a continuación viene no fue inventada por mí, la escuche de joven y ahora la recordé. Me atreví a escribirla como parte de mi colaboración porque está motivada por la ingesta de bebidas alcohólicas en la Semana Santa. No está por demás hacer una advertencia: que en ella los personajes dicen, dentro de un templo católico, palabras de las que se consideran altisonantes y/o de mal gusto. Tales palabras no son usadas como ofensa a la respetabilísima figura de Jesucristo, sino por el contrario, su uso tiene como objetivo su defensa. Hecha esta advertencia queda a criterio de la lectora o del lector continuar la lectura.

Un Viernes Santo un par de compadres, digamos que uno se llama Juan y el otro Ramiro, andan lo que se dice hasta las manitas por haber tomado bebidas alcohólicas en exceso. Compadre Juan, ¿y ahora a dónde vamos? A seguir la fiesta, Ramiro. ¿En dónde? Mira, en aquel lugar se ve que está entrando y saliendo mucha gente, de seguro hay fiesta.

El lugar señalado por Juan no es otro que la parroquia de Nuestra Señora de los Dulces Nombres, donde en ese momento se llevaban a cabo las celebraciones concernientes al precitado día santo.

Cuando los compadres, dando traspiés y a trompicones, llegaron cerca del altar un sacerdote en el púlpito predicaba: Los soldados romano validos de sus látigos flagelaron el divino cuerpo del Divino maestro . Chale, compa –le comenta Ramiro a Juan en voz baja-, ¡qué pinches soldados tan gachos! Después, con violencia y por la fuerza, varios soldados romanos le cargaron el travesaño de la divina cruz en su divina espalda . ¡Qué montoneros! –Juan le dice a Ramiro-, ¡hijos de su pinche y romana madre! Después tendieron su divino cuerpo en el madero –continuaba el sacerdote-, con su divina boca hacia arriba y le clavaron sus divinos brazos en los travesaños de la divina cruz! ¡Qué ojetes! –define Ramiro. Luego le clavaron sus divinos talones –continuó el padre- al divino madero; por si fuera poco, le abrieron dos llagas en sus divinos costados . ¡Qué poca madre! –exclamó Juan subiendo la voz-. Oiga padrecito –pregunta Juan al sacerdote-, ¿qué no había nadie que lo defendiera? Pues, sí, hijo, los apóstoles, pero tenían miedo . ¡Pues qué culeros! –se lamenta Ramiro-, porque si hemos estado yo y mi compadre le pelan su divina corneta.

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