La vacuna contra el coronavirus es un bien cada vez más acariciado. Los meses de aislamiento social nos hacen ansiarla. Deseamos volver a tener actividades que antes disfrutamos tanto, empezando por salir sin una mascarilla y la tranquilidad de no sentirse asediado por un minúsculo virus que ha puesto al mundo de cabeza.

La cercanía con las fiestas navideñas hace doblemente apetecible la cura, la medicina que nos permita volver a reunirnos y abrazarnos. Lo cierto es que todo apunta a que pronto tendremos una vacuna, pero de eso a que la vida vuelva en este mes, o en dos, a la normalidad previa al virus... no será. ¡Y confiarse es un gran peligro!

Setecientos epidemiólogos consultados por The New York Times, en general estuvieron de acuerdo con que sus vidas volverán a la normalidad hasta que la mayoría se vacune. La misma encuesta preguntó a los especialistas cuántos de ellos llevaron a cabo, o lo habrían hecho si fuera necesario, las actividades que ahora le platicaré. Claro que sorprenden las respuestas.

La mayoría estuvo de acuerdo en que haría mandados, como ir al supermercado o a la farmacia; recibiría el correo o la paquetería sin mayores precauciones; incluso caminar o reunirse al aire libre con amigos.

Sin embargo, solo 3 de cada 10 se cortarían el pelo en un salón o peluquería; enviarían a los niños a la escuela o guardería; permitirían a los niños salir a jugar con otros niños al aire libre o vacacionarían en un lugar a más de un día de distancia en auto.

Hay actividades que mucho menos llevarían a cabo. Menos de 5 de cada 100 enviaría a los niños a jugar con otros niños en espacios cerrados; ni iría a una iglesia o servicio religioso; no asistiría a una boda o funeral; no saldría con alguien que no conoce bien y, prácticamente ninguno asistiría a un evento deportivo, un concierto o una obra de teatro.

Respecto a la vacuna, los epidemiólogos tienen aún muchas dudas que les preocupan, por ejemplo, la duración de la inmunidad, la forma en que puede mutar el virus, los desafíos de la distribución de la vacuna y la posible negación de algunos grupos a vacunarse.

No supe qué pensar: si exageran por ser especialistas, o por ser especialistas son más conscientes de la dimensión del fenómeno. Usted juzgue. En mi opinión, ante la duda, mejor la prevención porque es mucho lo que está en juego.

Entre lo señalado por  los epidemiólogos subrayo otra idea: la importancia de cuidar la salud mental. Hay muchos factores que confluyen para que psíquicamente nos encontremos más vulnerables: pérdidas de empleo, aislamiento, incertidumbre respecto a todo; salud, trabajo, economía, más roces con familiares y con vecinos, por mencionar algunos ejemplos.

Llama la atención que cuando a los epidemiólogos les preguntan por proyecciones, por cuándo consideran podremos llevar a cabo ciertas actividades, mucho repiten “depende”. Claro, es que estamos frente a lo inédito, sobre el virus seguimos aprendiendo. Por eso, “depende”: nunca, como hoy, nos ha quedado claro que vivir es seguirle el paso a la existencia en un  baile que desconocemos.

@VicenteAmador

Vicente Amador

Maestro en Comunicación

Historias que se cuentan

Consultor de Comunicación, Asuntos Públicos y Estrategia Política.

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