Los futuros de la soya en Estados Unidos cayeron el martes debido a una mejor perspectiva climática para el cinturón de cultivos del Medio Oeste, dijeron analistas.

Los pronósticos de condiciones más frías y húmedas a finales de este mes también presionaron a los futuros del maíz de la nueva cosecha en la Bolsa de Chicago, aunque el contrato a mes inmediato cerró al alza.

Los futuros de la soya para julio bajaron 7 centavos a 14.6525 centavos por bushel, mientras que la soya de la nueva cosecha a noviembre perdió 22.25 centavos a 13.73 dólares.

El maíz para julio subió 6.25 centavos a 6.6575 dólares el bushel, mientras que el maíz a diciembre bajó 8.25 centavos a 5.73 dólares.

En tanto, los futuros del trigo cayeron casi 2% por la presión estacional desde el inicio de la cosecha del hemisferio norte. El trigo a julio bajó 13 centavos a 6.6150 dólares por bushel.

La soya marcó la pauta y retrocedió a medida que los comerciantes siguieron reaccionando a las previsiones meteorológicas de lluvias beneficiosas y temperaturas más frescas la próxima semana.

Las expectativas de que la humedad impulse las perspectivas de la cosecha ayudaron a eclipsar una caída en las calificaciones semanales de las condiciones de las cosechas en Estados Unidos.

El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA por su sigla en inglés) calificó el lunes por la noche el 68% de la cosecha de maíz como de buena a excelente, cuatro puntos menos que la semana anterior, y el 62% de la cosecha de soja de buena a excelente, cinco puntos menos.

Aunque las calificaciones bajaron, probablemente mejorarán en un par de semanas porque se supone que lloverá", dijo Jack Scoville, analista de Price Futures Group.

En otro orden de ideas, más del 44% de las futuras importaciones agrícolas de la Unión Europea, como el café, el cacao y la soya, podrían ser muy vulnerables a la sequía en 2050 como consecuencia de la crisis climática, según un artículo publicado en Nature Communications.

El equipo de investigadores hizo estimaciones para los años 2030, 2050 y 2085, en dos escenarios de bajas y medias emisiones.

Sus resultados muestran que la vulnerabilidad aumenta en ambos casos.