Los fideicomisos de inversión en bienes raíces (Fibras) empezaron a participar en el mercado de bonos verdes en diciembre del año pasado, nicho que ya alcanza emisiones por poco más de 11,700 millones de pesos.

Fibra Prologis, fideicomiso inmobiliario especializado en rentar naves, parques y bodegas a empresas del sector logístico e industrial, inauguró este mercado, con su primera emisión por 370 millones de dólares, equivalente a 7,422.3 millones de pesos.

A principios de mayo de este año, el fideicomiso regresó al mercado con una segunda emisión por 70 millones de dólares, alrededor de 2,870 millones de pesos.

En ese mismo mes, Fibra Storage, dedicado al arrendamiento de mini bodegas, le siguió los pasos a Fibra Prologis, al lanzar su oferta inaugural de bonos verdes, con los que recabó 1,500 millones de pesos.

Con estas emisiones, el mercado de bonos verdes que han construido los fideicomisos inmobiliarios suman apenas tres emisiones, con un monto financiado de poco más de 11,792 millones de pesos, en su conjunto.

No obstante, el mercado de deuda “verde” en México, en general, es incipiente. Desde el 2016, cuando se realizó la primera oferta por parte del banco de desarrollo, Nacional Financiera, se ha alcanzado un monto financiado de alrededor de 28,000 millones de pesos, incluyendo las ofertas de los Fibras.

Han sido 10 los emisores en este mercado. Entre ellos, el Gobierno de la Ciudad de México, Bancomer, la desarrolladora de vivienda Cadu; así como Arca Continental Bebidas y Grupo Aeroportuario del Centro Norte (OMA).

Los bonos verdes son instrumentos de renta fija dedicados exclusivamente a apoyar o financiar proyectos que demuestren o busquen causar un impacto positivo en el clima o en el ambiente.

Gran emisor de GEI

Irving Vázquez, especialista en inversión sustentable, explicó en un reciente foro que las inversiones en materia ambiental están cobrando mayor relevancia por el “problema sistémico que implica el cambio climático”.

“Para el sector inmobiliario, que es uno de los más grandes contribuyentes de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), los temas ambientales pueden afectar el desempeño de los activos y los inversionistas analizan cómo la empresa afecta al ambiente y a la sociedad”, dijo el especialista.

Consideró que uno de los grandes pendientes de este mercado es contar con un consenso o estándar que ayude a medir y definir cuándo un proyecto es “verde” y cuándo no.

Ahora en el sector inmobiliario hay más interés en temas ASG (ambiental, social y de gobierno corporativo) por un incentivo financiero, pero todavía parece no quedar muy claro el beneficio del retorno social y ambiental”, dijo Irving Vázquez.

Lo anterior se evidencia con la composición de los portafolios de las empresas del sector, incluyendo a los Fibras.

La que más activos (edificios o propiedades) certificados tiene representa apenas un 34% de dicha cartera.

Una propiedad certificada avala que el edificio o el inmueble está siendo eficiente con el uso del agua, consumo de energía, iluminación ecológica, entre otros aspectos.

Fibra Storage informó la semana pasada que parte de los recursos que levantó con su emisión de deuda verde lo destinó para pagar pasivos.

"Con la liquidación de este crédito y la reciente emisión de bonos verdes, tendremos más flexibilidad operativa y mayor capacidad de generar valor en la adquisición, construcción y operación de mini-bodegas que permitan fortalecer nuestro portafolio", dijo Diego Isita, director general de Fibra Storage.

judith.santiago@eleconomista.mx