Hablar de finanzas es hablar de una actividad para hombres y entre hombres, así de automática es la connotación que culturalmente se ha aprendido y también practicado por mucho tiempo. Aunque de trata de una palabra femenina, su apropiación y uso ha sido eminentemente masculino.

En su reciente visita a México, Ana Botín, presidenta del Grupo Santander, el grupo bancario más grande de la eurozona, comentó la necesidad de que las finanzas contaran con más presencia y participación por parte de las mujeres. Es deseable que esto no solo se realice a nivel administrativo, sino también en la colocación y el manejo de capital en el sector bursátil.

¿A quién no le gustaría observar una Warren Buffet femenina en el teje y maneje de las bolsas de valores, dictando frases célebres y significándose como el oráculo de referencia obligada para los y las inversionistas que pretenden mejores rendimientos para su dinero y sus inversiones?

En pocas palabras, se trata de que el ámbito de los mercados sea una cancha donde hombres y mujeres participen y jueguen en los mismos términos, de uno u otro lado.

¿Esto es posible?

La capacidad y talento de las mujeres para administrar el dinero y los bienes que por vía de este se generan ha sido demostrado a través de diversos estudios. La UNICEF, por ejemplo, afirma en uno de ellos que cuando una mujer participa en la administración del dinero que ingresa a su hogar y toma decisiones respecto a cómo y dónde se utiliza, el nivel de vida de la familia se eleva de manera tangible, y el desarrollo y educación de sus hijos tiene mayores posibilidades de alcanzar una mejor eficiencia.

Por su parte, en el estudio Barómetro Internacional de Educación Financiera en Mujeres, realizado en 2012 por Visa, esta condición se confirma plenamente, sobre todo en las mujeres de nuestro país. Dicho estudio, llevado a cabo en 27 países, señala que las mujeres mexicanas son las más involucradas en la educación financiera familiar a nivel mundial, y no solo eso, sino que además, dicen expertos, tienen cualidades naturales que las hacen buenas inversionistas y ahorradoras.

Lo anterior abunda en lo que analistas afirman y el saber común constata: las mujeres siempre han administrado e invertido, solo que no en el ámbito bursátil. Han administrado desde la prehistoria. Hubo necesidad de cazar alimento para la subsistencia de su grupo (entonces no existía la noción de familia), y ella estuvo ahí para cazarlo, racionarlo y administrarlo. De su administración y matriarcado se originó en buena medida la sobrevivencia de la especie, la mejor de las inversiones. De su iniciativa surgió la agricultura, garantía para alimentar a los suyos y a los otros.

No es raro entonces que la mujer sea más sensible que los hombres al tema del ahorro, que puede reservar incluso un porcentaje de lo que administra para ahorrarlo pensando en el futuro de su familia, así sea en medios informales como las tandas, que es capaz de definir sus metas a través de un diagnóstico financiero, y pueda llevar a cabo una planeación financiera más que saludable. Ellas comprenden bien la dinámica de la oferta y la demanda, saben muy bien cuándo hay que comprar, guardar e invertir, cuándo poner el riesgo por delante y cuándo mostrarse cautas o conservadoras, toda la vida lo han hecho, es su subsistencia y es su historia.

[email protected]