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La reforma financiera en México, ¿hasta dónde es posible?
Diversos estudios sobre la crisis financiera del 2009 han evidenciado la fragilidad del sistema financiero mundial y el gran impacto que pueden tener negativamente en las economías mundiales.
Diversos estudios sobre la crisis financiera del 2009 han evidenciado la fragilidad del sistema financiero mundial y el gran impacto que pueden tener negativamente en las economías mundiales. Una de las lecciones ha sido que si el sistema financiero falla, la economía falla, lo que evidencia que se trata de un sector estratégico, aunque lamentablemente lo contrario no siempre sucede. Así, deberíamos entonces acotar el enunciado a que cuando el sistema financiero funciona bien, no necesariamente las economías marchan bien.
Una excelente evidencia de este último dicho es el sistema financiero mexicano, que se presume goza de una salud envidiable, como si fuera un adolescente sano y deportista. Tal ha sido su nivel de captación y sus rentabilidades, que las representaciones mexicanas de los bancos extranjeros son envidiadas por el resto de las representaciones del resto del mundo. México es un excelente mercado para el sector financiero, dicen algunos.
¿Y porqué la bonanza financiera, o más estrictamente bancaria, no se ha traducido en un despegue económico del país? Pues ni el mismo Paul Krugman, premio Nobel de Economía, lo conoce. En esta semana en un evento del sector financiero expresó que nuestro país tiene todo para crecer, pero es inexplicable porque no se ha logrado tal desempeño.
Es por ello que las actuales autoridades financieras federales han propuesto una reforma a dicho sistema que incentive a las instituciones financieras a desempeñar un rol más importante para el crecimiento económico. Concretamente los bancos necesitan prestar más dinero para impulsar la inversión y con ello detonar el crecimiento económico, que tarde que temprano debería traer un desarrollo de la sociedad en su conjunto.
La fórmula suena fácil, realizarla implica enormes tareas y un plan consistente a largo plazo que incentive a dichos intermediarios a ampliar sus niveles de crédito otorgado. Serán 15 o 20 años cuando se vean los resultados, expresó el mismo Krugman en su visita.
Aunque habrá que plantearse si en verdad pueden hacerse reformas de fondo, profundas, que transformen los incentivos de los intermediarios financieros o se trata de un gran alboroto mediático, como acostumbran los políticos. La pregunta sería si es compatible un crecimiento del crédito junto con un incremento de las ganancias de los bancos, pues si eso no es factible no es posible avanzar en esa dirección. El argumento lleva de por medio una mayor competencia en el sector financiero, ¿les convendría a los propios intermediarios esta situación? Tengo mis dudas.
*Pablo Pérez Akaki es Profesor de tiempo completo en la Facultad de Estudios Superiores Acatlán, UNAM.
?ppablo@apolo.acatlan.unam.mx