Existe bastante incertidumbre sobre lo que podría pasar bajo el mandato de Trump. Particularmente hemos seguido muy de cerca a la industria automotriz, y lo que es importante destacar es que no se encuentran de brazos cruzados. Algunas compañías incluso ya se reúnen con entidades como la Secretaría de Economía, la Secretaría de Hacienda, la Embajada de México en EU y en general con otras empresas en el sector industrial para iniciar conversaciones y negociaciones ante un nuevo entorno comercial

Trump ha amenazado con poner un impuesto de hasta 35% a la importación. Lo cierto es que se han platicado otras medidas para incrementar el costo de dichos bienes, como una reforma hacendaria. El presidente republicano ha sido muy enfático en promover una política fiscal más laxa, donde pretende disminuir a 15-20% la tasa impositiva, desde 35% actual, pero además buscaría quitar la deducibilidad de los bienes importados y excluir como ingresos gravables las exportaciones.

En cualquiera de los dos casos dichas medidas no sólo implicarían una violación a las reglas del TLC (que aún sigue vigente) y de la Organización Mundial del Comercio, al igual que lo son los subsidios a las exportaciones, sino que reducirían el flujo comercial significativamente; además de que los costos serían desiguales para cada industria. Por ejemplo, para los minoristas, sector que se caracteriza por tener márgenes modestos, la venta de productos importados dejaría de ser rentable, pues los dejaría con un costo muy cercano al precio de venta, por lo que el beneficio de una menor tasa impositiva ni siquiera los beneficiaría.

Para la industria automotriz, dichas medidas no sólo incrementarían el costo de las autopartes, sino también el de la gasolina, pues a pesar de que EU ha reducido su déficit petrolero, las importaciones petroleras a noviembre, por ejemplo, fueron 1.7x sus exportaciones petroleras.

Bajo este nuevo contexto las compañías beneficiadas en EU serían las exportadoras, y las perjudicadas, las importadoras, por lo que cada compañía tendría que repensar sus nuevas estrategias fiscales.

También debemos considerar que en el corto plazo el principal afectado sería el consumidor, pues un incremento en el costo de tal magnitud tendría que ser absorbido en parte por las armadoras y toda la cadena productiva de los vehículos, lo que perjudicaría su rentabilidad, y en parte por los consumidores estadounidenses, ya que EU no tiene ni la capacidad productiva ni la infraestructura para hacer frente a su demanda automotriz; aun cuando las armadoras decidieran cambiar su producción a este país, el inicio de operaciones en las plantas tomaría entre cinco y siete años. En este sentido destacamos que durante el 2016 México representó 12% de los vehículos comercializados en EU, con 2.7 millones de unidades exportadas en ese año.

Ahora bien, con un dólar tan apreciado, incluso con un impuesto de 35%, las importaciones desde México podrían seguir siendo atractivas, ya que, a diferencia de EU, México tiene más de 220 tratados comerciales que lo hacen muy competitivo frente a otros países; de hecho, se estima que del beneficio que obtienen las armadoras por invertir en nuestro país, cerca de 40% se atribuye a dichas relaciones comerciales, además de 20% por costos laborales.

Lo cierto es que en el largo plazo las compañías mexicanas encontrarían la forma de adaptase al nuevo ambiente y seguir siendo rentables. En el lado bursátil, por ejemplo, para compañías como Rassini, Nemak y Grupo Industrial Saltillo (GISSA), es bien sabido que sus inversiones y las de las armadoras siempre van de la mano, por lo que, aun cuando se trasladara la producción a otros países, las emisoras podrían también acoplarse al nuevo territorio.

En el corto plazo las tres empresas nos han comentado que tienen cierta flexibilidad en costos, tanto laborales como en maquinado, para hacer frente a los nuevos vientos. Lo que también hemos notado es que las tres emisoras están disminuyendo su exposición relativa a EU. El año pasado, por ejemplo, GISSA adquirió una compañía en España en 280 millones de euros, Nemak acordó una adquisición en Turquía por una empresa que generó 70 millones de dólares en el 2015 y Rassini nos platicó que podría realizar una adquisición en Asia por hasta 100 millones de billetes verdes este año.

Por lo anterior, aunque esperamos que en próximos trimestres las compañías automotrices puedan presentar cierto rezago, creemos que en el año se presentarán buenos momentos de entrada para los inversionistas. Una industria con tanta innovación, tecnología e inversión no podrá ser derrumbada.

*Armelia Reyes, analista Sr. de Sector industrial en Signum Research.

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