Donald Trump cumplió este sábado sus primeros 100 días como inquilino de la Casa Blanca. Desde que el magnate estadounidense se convirtiera en el candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos muchas han sido sus propuestas pero, por el momento, pocas se han convertido en reales. La semana pasada, la Administración Trump ha esbozado las líneas generales de su cacareada reforma fiscal. No ha habido ni grandes detalles ni grandes sorpresas de la definida como histórica rebaja de impuestos de EU, que además de reducir la fiscalidad a las empresas, prevé atraer los beneficios empresariales obtenidos por las empresas estadounidenses en otros países, sobre lo que no concretó sus detalles.

En precampaña, Trump mencionó la posibilidad de hacerlo a través de una tasa del 10% –ahora está en el 35%– durante un periodo de 10 años, pero se desconoce si se hará así o si se limitará a un breve tiempo –como el que se puso en marcha entre 2004 y 2005–. Una medida que, sobre todo, es un espaldarazo a las tecnológicas, que se han mostrado muy críticas con la política migratoria de Trump, que les penaliza la contratación de talento extranjero.

Las grandes tecnológicas de EU lideran la generación de caja fuera del país y acumulan unos más que considerables beneficios en sus filiales offshore para evitar pagar ese peaje fiscal, dado que consideran que el gravamen es excesivo e implica una doble tributación en la medida en que los beneficios ya han tributado previamente en el país en el que se han generado.

La cuantía de la liquidez que tienen las empresas estadounidenses depositada en el extranjero varía según la fuente. Moody’s apuntaba el pasado mes de noviembre que la liquidez ubicada en el extranjero se situaría sobre los 1.28 billones de dólares a finales de 2016, cuantía que otras fuentes elevan a los 2.6 billones de dólares.

De todo ello, la mayor parte está en manos de las tecnológicas. En un repaso a las empresas con mayor capitalización de los índices S&P 500, Dow Jones y Nasdaq, la única empresa en el extranjero fuera de las tecnológicas es General Electric.

Apple, la líder indiscutible de las empresas estadounidenses por liquidez amasa una fortuna allende los mares de 230,000 millones de dólares –sumando tesorería, inversiones a corto plazo e inversiones a largo plazo– y solo 16,000 en EU. Una situación que provoca que la empresa dirigida por Tim Cook acuda con asiduidad al mercado de deuda. La última vez, en febrero, colocó 12,000 millones de bonos, para retribuir a sus accionistas y financiar su programa de compra de acciones. Una emisión más económica que lo que le costaría repatriar ese dinero desde sus filiales. Cook, eso sí, se ha mostrado dispuesto a dar el paso si la situación fiscal es más beneficiosa.

Tras Apple se sitúan Microsoft, con una liquidez fuera de EU de 116,300 millones de dólares, mientras que Alphabet, la matriz de Google, y Oracle cuentan con 52,200 millones de dólares, cada uno. En algunos casos, ese mar de liquidez ha servido para financiar operaciones corporativas, ha sido el caso de la compra de NXP Semiconductors por parte de Qualcomm.

Fuera de las tecnológicas, General Electric también se podría ver beneficiada, al igual que entidades como Citigroup, JP Morgan, Goldman Sachs o Bank of America Merrill Lynch, la biotecnológica Amgen o la farmacéutica Gilead.

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