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¿Es posible un Juan Valdez versión México?

En el mundo del café, el origen de mayor fama es Colombia y desde hace algunos años lo representa un cafetalero con una mula a quien se ha llamado Juan Valdez, quien recorre los principales mercados de consumo para promover el café de ese origen.

En el mundo del café, el origen de mayor fama es Colombia y desde hace algunos años lo representa un cafetalero con una mula a quien se ha llamado Juan Valdez, quien recorre los principales mercados de consumo para promover el café de ese origen, que en los mercados mundiales lleva un sobreprecio sobre el del resto de los orígenes.

Este sobreprecio no es de gratis: se ha podido conseguir y mantener a lo largo del tiempo por la consistente calidad del grano, resultado de su importante esfuerzo a lo largo de las distintas regiones de producción del país.

Sin duda, es un gran resultado el que ha conseguido la Fedecafe, la Federación de Cafeteros colombianos, organismo que agrupa a casi medio millón de productores de café de ese país; ha tenido éxitos muy importantes a lo largo de su historia, como la administración de los recursos públicos destinados a este sector.

Así, la Fedecafe no es simplemente una organización de los productores, sino un brazo del gobierno de aquel país para definir las políticas públicas y ejecutarlas en su propia materia.

Esto mismo ha permitido que se sostenga a lo largo del tiempo, aunque no deja de haber críticas sobre de su funcionamiento y el control político que algunos ven en esta organización.

Algunos ya rápidamente ven en el modelo Juan Valdez la opción para los minifundistas mexicanos y proponen imitarlo, así como extenderlo hacia otros productos.

La idea no es mala pero decirlo y proponerlo no es así de fácil y para ello es necesario, en primer lugar, que nuestras autoridades en la materia crean que el sector cafetalero es importante para el país y para una parte importante de la sociedad rural de este país.

Me queda claro que después de casi 24 años de la desaparición del Inmecafe, este aromático, que en sus mejores tiempos trajo las mayores divisas en el sector agrícola nacional, pasó a otro nivel en donde parece que se le quiere desaparecer.

Así, por más que los productores quieran organizarse, emprender nuevos proyectos de inversión, integrarse verticalmente, llegar directamente a los consumidores y posicionar una marca propia, no hay posibilidades de hacerlo con sus propios recursos ni hay recursos públicos que se los permitan.

En pocas palabras, no hay posibilidades de un Juan Valdez mexicano, pero sí las hay de un Café La Selva y de un Café La Organización, dos de nuestros modelos propios exitosos que se abren espacios luchando todos los días por el reconocimiento de nuestro propio café.

*Pablo Pérez Akaki, profesor del posgrado en Economía en la FES Acatlán, UNAM ppablo@apolo.acatlan.unam.mx

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