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¿Es el café robusta una opción viable en México?
En la reciente y multipublicitada Cumbre Latinoamericana del Café, el mensaje fue claro: el café robusta es una opción viable, rentable y necesaria para impulsar la cafeticultura mexicana.
En la reciente y multipublicitada Cumbre Latinoamericana del Café, celebrada en días pasados, en Puebla, el mensaje fue claro: el café robusta es una opción viable, rentable y necesaria para impulsar la cafeticultura mexicana. Hay que decir también que, detrás del evento, los principales organizadores fueron la empresa Nestlé, Exportadora de café California y la Asociación Nacional de la Industria Café (Anacafe).
Nestlé es la compañía Suiza de alimentos, dominante en el mercado mexicano en diversos productos, entre ellos, el café soluble.
Exportadora de café California es una filial de Neumann Kaffee Gruppe, empresa multinacional que domina el comercio mundial del grano, y la Anacafe es un organismo que congrega a los principales actores de la cadena de comercialización y de gran influencia en las políticas públicas del sector.
El café robusta se ha vuelto un producto de gran demanda, principalmente, por el uso que tiene en la preparación del café soluble, principal forma de consumo de café en nuestro país. Aún en las regiones productoras de nuestro país, es común encontrar que el consumo de café soluble es alto, por lo que se trata de un producto ampliamente arraigado en nuestra sociedad, etiquetado prácticamente a una marca y una compañía.
También es demandado el café robusta por su alto contenido de cafeína, para diversos productos que la utilizan como estimulante o energizante. También es utilizado más recientemente para preparaciones con base en preparación de café expreso, incluso los cafés con sabor.
Lo que preocupa de esta estrategia es que, ahora, la Asociación Mexicana de la Cadena Productiva Café (Amecafé) la ha adoptado como propia y está impulsando a los productores a hacer un cambio productivo hacia esta especie de grano. Preocupa porque implica un esfuerzo que comenzó hace años, impulsado por Nestlé y para beneficio, principalmente suyo, no de los productores ni de las sociedades donde se produce el grano.
Los argumentos son los mismos de siempre: mercados seguros, interés creciente por este tipo de grano, demandas en aumento, etcétera.
La realidad es que los mercados no son seguros y la transformación de arábiga a robusta implica serios cambios en los agroecosistemas cafetaleros, de consecuencias irreversibles en perjuicio de la sociedad y el planeta, y lleva a los productores cafetaleros a una dependencia creciente de pocas empresas que demandan este tipo de grano. No me parece, entonces, que ello convenga mucho a los productores.
*Pablo Pérez Akaki es profesor de tiempo completo en la FES Acatlán, UNAM.
ppablo@apolo.acatlan.unam.mx.