Los fondos cotizados en Bolsa (ETF, por su sigla en inglés) vinculados a los mercados de bonos avanzan inexorablemente hacia la marca del billón de dólares en activos bajo gestión, hecho que supone un punto de inflexión en el desarrollo de los ETF de renta fija.

Pese a este crecimiento, los ETF de renta fija representan en la actualidad una parte minúscula (menos de 1%) del valor de los bonos pendientes de pago a nivel global, y siguen siendo instrumentos no probados para muchos inversionistas. Su adopción, no obstante, está aumentando .

La consultoría Greenwich Associates hizo una encuesta a una muestra de inversionistas institucionales a finales del 2018 y halló que 60% utilizaba ETF de bonos, frente a 20% en el 2017.

Muchos gestores de carteras de bonos han tenido prohibido históricamente el uso de ETF de renta fija al negociarse en mercados bursátiles. Estas restricciones están desapareciendo gradualmente, lo que ha aumentado su uso entre las instituciones, sobre todo en EU.

Los ETF tuvieron un uso más extendido entre los participantes en la encuesta de Greenwich que los fondos de inversión en bonos activos o cuentas gestionadas de forma independiente. Este cambio habría parecido improbable hace unos años.

Las emisiones de bonos han aumentado considerablemente desde la crisis financiera global, ya que los prestatarios trataron de aprovechar las bajas tasas de interés. Sin embargo, las reformas regulatorias que se han producido desde entonces se han traducido en una reducción de las carteras de bonos de bancos y brókeres, que se incluyen entre los proveedores de liquidez más importantes en los mercados de renta fija.

Por ello, la construcción de carteras de renta fija con bonos individuales se ha vuelto más cara y menos eficiente que en el pasado, animando a los inversores a emplear otros medios, como los ETF.