Los últimos días han sido realmente complicados para el mercado cambiario de nuestro país debido al drástico ajuste en los precios del petróleo. Habrá que decir que las cotizaciones alcanzadas recientemente por el peso son irracionales, por lo que no se puede descartar una mayor fortaleza del peso en el corto plazo.

La proximidad del fin de año y las altas cotizaciones del peso han hecho recordar a muchos inversionistas lo acontecido hace precisamente 20 años, en diciembre de 1994, cuando se presentó uno de los capítulos más amargos de nuestra moneda y en general de la economía mexicana.

No obstante, es importante recordar que las condiciones que dieron origen a la fuerte devaluación de 1994 son diametralmente diferentes a las que ahora tiene México. Hay que tener presente que México pasó por una época de altas inflaciones como resultado precisamente de las fuertes devaluaciones de nuestra moneda, de manera tal que el restablecimiento de los equilibrios macroeconómicos a finales de los 80 debía pasar forzosamente por la estabilización del tipo de cambio.

De esta forma, con el propósito fundamental de combatir la espiral inflacionaria, el 16 de diciembre de 1987 se firmó el Pacto de Solidaridad Económica (PSE) entre los distintos sectores de la sociedad. El PSE puso especial atención en cuatro aspectos torales: 1) una corrección de las finanzas públicas que se manifestara en la obtención de un superávit fiscal; 2) acciones en materia crediticia para atenuar la demanda agregada; 3) una mayor apertura de la economía para fortalecer la estructura del aparato productivo y 4) el compromiso concertado de los distintos sectores de la sociedad para contener el incremento de los precios.

En 1988, el PSE se transformó en el Pacto para la Estabilidad y el Crecimiento Económico (PECE), que complementó los objetivos anteriores, buscando además disminuir el servicio de la deuda externa y una mayor eficiencia económica a través de la liberación de las tasas de interés bancarias.

El PECE se renovó de manera reiterada, de forma tal que el 10 de noviembre de 1991 se acordó un nuevo régimen cambiario que estuvo vigente hasta el 19 de diciembre de 1994. El esquema consistió en dejar que el tipo de cambio flotara libremente dentro de una banda que se ensanchaba diariamente.

El ensanchamiento de la banda de flotación derivaba del desliz diario de la frontera superior de 20 centavos diarios, mientras que el límite inferior permanecía fijo en 3,051.2 pesos por dólar (pd), tipo de cambio al cual Banco de México intervenía en el mercado cambiario a través de compras sucesivas con el fin de mantener el nivel establecido para el piso de la banda.

El esquema de bandas iniciado en 1991 fue de gran utilidad para la consecución de los objetivos macroeconómicos que se alcanzaron en el marco de las diferentes concertaciones del pacto. La política cambiaria obtuvo una mayor flexibilidad gracias a la banda de flotación, toda vez que Banco de México intervenía en el mercado de cambios cuando el tipo de cambio tocaba alguna de las dos bandas; es decir, si se apreciaba demasiado y tocaba en cualquier momento la banda inferior el Instituto Central compraba divisas, y si tocaba la banda superior intervenía a través de la venta de dólares.

Con este esquema de tipo de cambio administrado, las bandas funcionaron como diques en una presa. La banda superior contribuía a evitar depreciaciones bruscas del tipo de cambio que pudiera ocasionar un impacto importante en el desempeño de algunas variables económicas, principalmente al inducir un círculo vicioso en las expectativas inflacionarias, mientras que el límite inferior impedía que el tipo de cambio se fortaleciera de manera excesiva afectando la competitividad externa de los productos mexicanos.

El esquema cambiario que funcionó hace poco más de dos décadas tuvo efectos positivos por diversas razones: a) permitió a los diferentes agentes económicos realizar ejercicios de planeación al tener certidumbre con respecto a lo que podía suceder con la cotización del tipo de cambio; b) coadyuvó al restablecimiento de la confianza de los inversionistas; c) contribuyó a lograr menores niveles de inflación y d) permitió un mayor crecimiento económico.

No obstante, para que el esquema de bandas funcionara, como cualquier objetivo de tipo de cambio administrado, necesitaba de una gran cantidad de dólares. Desafortunadamente, durante 1994 se presentaron paralelamente dos fenómenos que mermaron de manera significativa el monto de reservas internacionales que mantenía Banco de México.

Por un lado, acontecimientos políticos como la aparición del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional y el asesinato del candidato a la presidencia de la República por parte del PRI ocasionaron una gran incertidumbre en los mercados financieros; por otro, en la reunión de febrero de 1994, la Reserva Federal de Estados Unidos destacó que las presiones inflacionarias derivadas del crecimiento de su economía obligaban a tomar medidas de política monetaria más restrictivas.

En este contexto, la Fed decretó un incremento de 25 puntos base en la tasas de interés de referencia, dando inicio a un ciclo prolongado de alzas en las tasas de interés. De esta forma, las tasas de interés se duplicaron en el plazo de un año al pasar de 3% al cierre de 1993 a 6.25% en febrero de 1995, ocasionando un redireccionamiento de los flujos internacionales de capital.

El efecto conjunto de ambos fenómenos hizo caer drásticamente las reservas internacionales. El patrimonio en dólares del país alcanzó un nivel máximo histórico el 15 de febrero de 1994 al ubicarse en 29,228 millones de dólares (mdd), y a lo largo de todo el año disminuyeron como resultado de los eventos comentados anteriormente hasta alcanzar un nivel mínimo de 5,854 mdd el 21 de diciembre de 1994.Después de que se perdieron las reservas internacionales, no había la posibilidad técnica de mantener el esquema de tipo de cambio administrado, por lo que la Comisión de Cambios decidió asumir un régimen de tipo de cambio de libre flotación a partir del 22 de diciembre, dando origen a una fuerte devaluación del peso.

Hoy las condiciones son diferentes, México cuenta con una extraordinaria fortaleza macroeconómica y con un monto histórico de reservas internacionales. Las presiones que se han observado sobre el peso son resultado de proceso global de aversión al riesgo y no de un deterioro de la balanza de pagos como en el pasado.

*Manuel Guzmán M. es director de Administración de Portafolios y Estrategia de Inversión de Intercam Grupo Financiero,

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