La cancelación del proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) “desvió algo de luz hacia el mercado de bonos verdes en América Latina, ante la escasa actividad de este 2018”, refiere un extracto de un artículo de Environmental Finance, firma de análisis y noticias de inversiones y finanzas sustentables.

Los bonos por 6,000 millones de dólares para financiar la terminal aérea se vendieron con la etiqueta “verde” entre inversionistas extranjeros, primero en el 2016 (2,000 mdd) y luego en el 2017 (4,000 mdd).

Se conoce que entre los 750 inversionistas están los grandes fondos internacionales como Vanguard, Schroders, JPMorgan, Pinebridge, Wellington,  WellsFargo, Manulife y Troweprice.

Incluso, la oferta de bonos verdes del NAIM fue “aplaudida” por el mercado internacional y hasta fue premiada por la organización internacional Climate Bonds Initiative como “el mayor bono verde” hecho por un grupo aeroportuario.

Con una meta hacia una huella ambiental neutral y con certificación LEED v4 (el nivel más avanzado para medir el rendimiento de edificios sustentables) se convertiría en una de las terminales aéreas más sustentables del mundo.

El proyecto estaba diseñado para ahorrar 65 millones de galones de agua potable al año; contaría también con una granja fotovoltaica para abastecer al complejo de energía limpia y renovable, con lo que prometía reducir emisiones de gases de efecto invernadero.

Atrajo reflectores mundiales

El Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México (GACM) atrajo los reflectores al convertirse en el primer grupo aeroportuario del mundo en aprovechar el mercado de bonos verdes.

Por la dimensión del proyecto y por su novedad, los bonos verdes recibieron una sobredemanda de 15,000 millones de dólares en la emisión del 2017 que finalmente quedó en 4,000 millones. Aún más, obtuvo la mayor nota por parte de la calificadora Standard & Poor’s para este tipo de instrumento verde.

El NAIM implicaría una inversión de 13,300 millones de dólares y apuntaba a ser el aeropuerto más grande de América Latina y el segundo del mundo, de acuerdo con Parsons, la empresa de ingeniería de Estados Unidos involucrada en el proyecto.