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Expectativas de activos 2026 reflejan tensiones globales: Anatec-AMIB
Encuesta Anatec-AMIB: Analistas Técnicos prevén un entorno volátil en 2026, con presión del petróleo y tipo de cambio sobre inflación, tasas y decisiones de inversión

Foto: AFP
Las expectativas para los activos financieros hacia el cierre de 2026 se configuran bajo un entorno de elevada incertidumbre, donde los choques geopolíticos y la volatilidad cambiaria redefinen los escenarios base.
De acuerdo con la Encuesta Anatec-AMIB desarrollada para El Economista, el comportamiento del petróleo y del tipo de cambio se consolidan como variables críticas para la toma de decisiones de inversión.
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El repunte en los precios del petróleo, impulsado por conflictos internacionales, introduce presiones adicionales sobre la inflación global. Este factor no solo afecta los costos energéticos, sino que también condiciona la trayectoria de las tasas de interés, particularmente en economías emergentes como México.
Los analistas establecieron el nivel máximo para la cotización del petróleo WTI se ubicó en 87 dólares para el cierre del 2026.
En este contexto, pronostican un tipo de cambio a un nivel máximo de 19 pesos por cada divisa estadounidense adquiere un papel central. La encuesta identifica riesgos de depreciación del peso mexicano asociados a episodios de aversión al riesgo, salidas de capital y ajustes en la política monetaria de Estados Unidos. La volatilidad cambiaria impacta directamente en los portafolios, especialmente en aquellos con exposición a activos denominados en dólares.

Encuesta Anatec-AMIB
Para los inversionistas institucionales, el entorno proyectado exige una mayor disciplina en la diversificación y una gestión activa del riesgo. La correlación entre variables energéticas y financieras se intensifica, lo que limita la efectividad de estrategias tradicionales de cobertura.
Asimismo, las expectativas reflejan un ajuste en las perspectivas de crecimiento de las bolsas de valores, influido por el endurecimiento de las condiciones financieras globales. Este escenario obliga a replantear asignaciones de activos, privilegiando instrumentos con mayor liquidez y resiliencia ante choques externos.



