La tormenta de invierno que golpea actualmente la costa Este ha causado la cancelación de miles de vuelos, lo cual afecta a los viajeros de todo el país.

El lunes, más de 2,800 vuelos fueron suspendidos, además de los casi 2,000 cancelados el domingo, informó FlightAware.

El Aeropuerto Nacional Ronald Reagan, ubicado en las afueras de Washington, tuvo 570 cancelaciones el lunes, mientras que hubo cientos de anulaciones adicionales en los aeropuertos de Baltimore, Filadelfia y Nueva York. Además, hubo decenas de vuelos cancelados en lugares que van desde Chicago a Nashville y de Miami a Dallas.

Para los viajeros, esta situación es el último capítulo de la miserable saga que ha sido este invierno. Las aerolíneas han enviado a tierra miles de vuelos. En algún momento de enero, JetBlue optó por cerrar sus operaciones de vuelo en gran parte del noreste durante casi un día.

Esta situación ocurre de manera usual en las zonas con las peores condiciones atmosféricas. El lunes, decenas de vuelos en Miami y Fort Lauderdale, Florida, fueron cancelados, a pesar de que ambos lugares experimentan cielos parcialmente nublados y temperaturas por debajo de los 80 grados.

La principal razón es simple y obvia, y vale la pena recordarla: si bien cada aeropuerto tiene circunstancias meteorológicas particulares, el sistema de tráfico aéreo nacional es una telaraña interconectada de rutas de vuelo. Los viajeros pueden subir a un avión que despega en Atlanta, aterriza en Detroit y luego continúa hacia Las Vegas o pueden confiar en una conexión, lo que significa que dependen de (al menos) dos aviones y que deben tomar (al menos) dos rutas ininterrumpidas.

A medida que aumentan las cancelaciones en los centros clave como O’Hare, Chicago, o los tres aeropuertos de Nueva York, el efecto dominó comienza a llegar a viajeros de miles de kilómetros alejados de la nieve.

En el 2012, los principales destinos para los vuelos que salieron de O’Hare fueron Nueva York, Los Ángeles, San Francisco y Dallas.