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Todos somos responsables de la debacle de Gawker
Hay una delgada línea entre defender la libertad de expresión y el periodismo sin escrúpulos. Es difícil tomar partido en el conflicto entre Gawker y Peter Thiel, dado que todas las partes implicadas son tan poco atractivas.
Un sitio web de noticias y chismes mezquinos publica la cinta de sexo extramarital de un exluchador profesional. El luchador demanda, alegando una invasión a la privacidad, y gana un inesperada compensación de 140 millones de dólares. Después, se descubre que el litigio se financió en secreto por un multimillonario de Silicon Valley que ha guardado rencor por una década contra el sitio web por haber publicado que era gay, por lo cual sus amigos sufrieron intimidaciones.
El multimillonario afirma que su participación no se trata de venganza y en su lugar declara que ayudar a cerrar el sitio web podría ser una de las cosas filantrópicas más grandes que ha hecho. Los editores de la página web, a su vez, defienden el valor informativo de la cinta de sexo y la reivindicación, desde una superioridad moral, de que el periodismo es lo que el periodismo hace , a pesar de la fealdad de gran parte de su contenido.
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Es difícil tomar partido en el conflicto entre Gawker y Peter Thiel, dado que todas las partes implicadas son tan poco atractivas.
Muchos se han puesto del lado de Gawker, abogando la causa de la verdad periodística, que a la vez revela una moda de desaprobación de la clase multimillonaria. Otros dicen que Gawker ha estado produciendo noticias sin fundamento desde hace años y que Thiel está en todo su derecho de contraatacar además, el caso todavía será deliberado por un jurado independiente, sin importar la cantidad de dinero que Thiel gaste.
Sin importar si se escoge un lado y se expresa indignación, esta controversia podría ser mejor utilizada como una oportunidad para la reflexión. Tal vez deberíamos hacer frente a las formas en las que nosotros, como consumidores y productores de noticias, también estamos implicados en este lío.
Por ejemplo, si estamos desconcertados por un oligarca de Silicon Valley que parece creer que está dentro de su alcance controlar nuestro acceso a ciertas noticias o medios, tal vez deberíamos pensar más en la cantidad de control que hemos cedido de buena gana. Thiel, después de todo, hizo una buena parte de su dinero a través de Facebook -sí, Facebook-, aquel sitio que descubrimos puede o no haber estado (intencionalmente o no) censurando noticias conservadoras, un sitio que define cuándo la desnudez es apropiada y en el cual 44% de la población se basa para obtener sus noticias.
Antes de que despotriquemos contra Thiel, tal vez deberíamos tratar de recuperar parte de nuestra libertad informática, que ya hemos entregado.
Es posible que digamos que todo eso es un tema aparte. Después de todo, la Primera Enmienda al menos otorga a organizaciones como Gawker el derecho a decir e informar lo que desean en sus propias plataformas, incluso si Thiel o el equipo de trending topics de Facebook no quiere que esos puntos de vista se escuchen.
Pero mientras se celebra la libertad de prensa y la libertad de expresión, vale la pena considerar qué tipo de prensa debemos valorar y qué discurso -a pesar de lo que se pueda permitir- no se debe alentar.
El uso de la libertad de expresión para defender la difusión de una cinta de sexo no solicitada, la revelación de que un ejecutivo es gay o la inútil y amplia cobertura de los hábitos de aseo de un ejecutivo de cine que fue hackeado (sí, tal historia fue publicada en el sitio de Gawker Media, Jezebel) es más una defensa de nuestro propio interés lascivo que cualquier otra cosa.
La promoción de una cultura de la celebridad, libre de noticias duras, embrutece el discurso y puede tomar del interés público tanto como quiera. Es posible que debiéramos empezar por hacer cumplir las normas de restricción como lectores y como escritores también y recordar que el discurso por el cual peleamos debe enfrentarse a una norma de valor y no al número de clics que genera.
Reflexionar sobre esta controversia no tiene por qué llevar sólo al autocastigo. Felizmente, el apoyo a Gawker demuestra que hay interés en la defensa de la libertad de prensa cada vez más amenazada en el extranjero y que tal vez pronto también estará en peligro en casa.
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El posicionamiento de Gawker como un relator de verdades vitales atacado injustificadamente es en sí cuestionable, por decir lo menos, y la cruzada de Thiel parece innecesariamente vengativa e incómodamente astuta.
Es posible no estar de acuerdo con ninguna de las partes en este debate, en tanto que celebras cómo este tipo controversias lleva a las preguntas sobre el control de los medios de comunicación, la libertad de prensa y la ética periodística a la luz.
Christine Emba edita el blog In Theory para The Washington Post.
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