Un apostador diría que las probabilidades de que algún tipo de reforma migratoria se apruebe antes de las elecciones intermedias del 2014 son a todas luces menores a 50-50, una semana después de que tanto el líder de la minoría republicana en el Senado, Mitch McConnell, y el presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, desecharon la posibilidad.

La lógica es simple: a la base republicana, llámense los votantes que tanto necesita el partido para volver a ganar el Senado y mantener la mayoría en la Cámara de Representantes en noviembre, no le gusta la idea de proporcionarle a los 11 millones de trabajadores indocumentados en Estados Unidos un camino a la legalización o, sobre todo, a la ciudadanía. Asimismo, no creen que el gobierno de Obama esté preparado para la tarea de hacer cumplir medidas de seguridad más estrictas en las fronteras, incluso si el Congreso aprueba alguna.

Teniendo en cuenta cómo tan pocos miembros republicanos del Congreso representan distritos competitivos con una población hispana considerable -sólo hay cuatro escaños republicanos con una población hispana de 25%, los cuales fueron ganados por el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en el 2012- y los fuertes sentimientos en contra de la reforma dentro de la base del partido, no es difícil ver por qué McConnell y Boehner se han enfriado en cuanto a la idea de aprobar una reforma migratoria antes las elecciones.

Incluso así, existe un argumento político que debe considerarse ahora -no en el 2015, el 2016 o cualquier otra fecha incierta en el futuro-, ahora es el momento para que los republicanos aprueben una reforma migratoria. Ésta es la evidencia.

1.- No, a la base republicana no le gusta la reforma migratoria integral (o siquiera semiintegral), pero lo que les disgusta aun más es Obama y la Ley de Asistencia Asequible. A finales de enero, un sondeo de The Washington Post y ABC News mostró que 89% de los republicanos desaprobaba cómo el Presidente ha manejado la aplicación de la ley de salud. Lo más sorprendente es que 69% de los republicanos lo desaprobó fuertemente, un notable testimonio sobre cuánta pasión suscita la ley entre la base republicana.

Es difícil imaginar que algo menos que una reforma migratoria integral, que incluya un camino a la ciudadanía, lleve a una disminución importante en la intensidad que la base republicana tiene con Obama y su ley de la atención sanitaria.

2.- La idea de que sería mejor -y más hábil políticamente- esperar hasta el 2015 para hacer frente a la reforma migratoria pasa por alto una cosa: a principios de ese año, las campañas por la elección presidencial del 2016 ya estarán en marcha. Y hay por lo menos tres senadores republicanos -Rand Paul, Marco Rubio y Ted Cruz- que es casi seguro que se incorporen a esa carrera.

Cualquiera que piense que la reforma migratoria es posible bajo estas circunstancias sólo tiene que recordar la carrera presidencial del 2012, cuando, desesperado por demostrar sus credenciales conservadoras, Mitt Romney propuso una política de autodeportación para lidiar con los millones de trabajadores indocumentados en el país. Tras ello, ganó 27% de los votos hispanos en las elecciones generales.

3.- Es difícil ver que los republicanos ganen una elección presidencial en los próximos años sin hacer incursiones en la comunidad hispana. Consideremos esto: Romney ganó el voto entre los blancos por 20 por ciento, se llevó a los votantes independientes por cinco puntos y por cuatro a los electores que dijeron que la economía era el tema más importante. Y aun así perdió ante Obama por 126 votos electorales.

Combine el decadente voto blanco -se redujo en proporción del electorado en general de nuevo en el 2012- con el auge de la población hispana, y se vuelve muy claro que la balanza democrática es un problema demográfico que sólo se va a poner peor para los republicanos. Es decir, esto, a menos que el partido pueda encontrar una manera de ser competitivo -o por lo menos mucho más que Romney- entre los latinos.

Incluso cuando los estrategas republicanos que más apoyan la reforma migratoria admiten que el simple hecho de aprobarla no va a resolver el problema del partido con los hispanos, creen que es condición sine qua non cuando se trata de atraer a los votantes. De la misma forma en la que la reforma migratoria no puede aprobarse sin un poco de ayuda republicana, el partido no tendrá ninguna posibilidad para presentar su argumento sobre la política social o fiscal.

Los latinos no los van a escuchar.