El liderazgo que adoptó México entre los países miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA) ha enfurecido a Venezuela. Su canciller Delcy Rodríguez respondió enojada que los países deben sacar sus narices de Venezuela.

El embajador mexicano ante la OEA Luis Alfonso de Alba habló vía telefónica para El Economista.

¿A qué responde el liderazgo que México ha asumido entre los países miembro de la OEA frente a la situación que vive Venezuela?

Es un liderazgo histórico. La primera vez que se invocó la Carta Democrática Interamericana fue con apoyo de México y cuando se dio el golpe de Estado contra el presidente Hugo Chávez.

Es un liderazgo consistente. A partir del último año, que se ha venido agravando la situación de Venezuela frente al último informe del secretario general, Luis Almagro, y la constatación de que el proceso de mediación que se venía desarrollando con apoyo del Vaticano no ha dado los resultados esperados (...) la diplomacia mexicana y el Canciller Luis Videgaray hemos hecho pronunciamientos más directos y asumido una responsabilidad mayor en la búsqueda de una solución.

No estamos de acuerdo con que la opción inmediata sea la suspensión de Venezuela de la OEA y por lo mismo es importante que México, junto con otros países de la región, tome un papel más activo en la búsqueda de una alternativa.

El gobierno de Venezuela ha rechazado el liderazgo de México así como los pronunciamientos y resoluciones adoptados en la OEA sobre la situación política que vive el país, acusándolos de intervencionistas y sumisos ante los intereses de Estados Unidos. ¿Qué opinión tiene?

Lo primero es constatar que esta preocupación que hemos expresado a nombre de México es compartida por la inmensa mayoría de los estados miembro de la OEA.

Argumentar que esto es un movimiento de uno o dos países me parece muy pobre, demuestra simplemente la ausencia de argumentos para defender su posición. Ese sentimiento de rechazo a las medidas que se han estado adoptando, que tienen que ver con el desconocimiento al nuevo equilibrio de fuerzas políticas en el país, me parece un tanto desesperado.

¿No hubo un retraso en el actuar de México frente a los acontecimientos de Venezuela? ¿No es necesario pedir la expulsión de Venezuela de la OEA?

La suspensión debe ser el último recurso, porque de alguna manera cierra la posibilidad de una actuación o grado de influencia mayor sobre las autoridades.

Aislar a un país no es la mejor forma, hay que hacer todos los esfuerzos posibles por comprometerlo en el proceso de negociación y diálogo. La simple marginación de un Estado puede llevar a mayor represión y violencia y eso sería indeseable desde todos los puntos de vista (...) y la OEA es justamente lo que quiere evitar.

No hay lentitud, hay una actitud consistente de parte nuestra.

Los acontecimientos del fin de semana en Caracas demuestran la urgencia de encontrar alternativas y evitar la violencia. Hay que ser prudentes porque no se trata simplemente de generar mayor conflicto y dificultad en el diálogo.

En junio próximo se llevará a cabo en México la XLVII Asamblea General de la OEA. ¿Se espera que Venezuela sea un tema a revisar en este foro?

Dependerá de la evolución de los acontecimientos en Venezuela, pero parecería altamente probable que sea uno de los temas.

No será tema único ni central, porque muchos países plantean la necesidad de reposicionar al organismo regional frente a los retos de hoy que son múltiples: hay un cambio de administración en Estados Unidos muy significativo y, por lo mismo, una serie de temas que necesitamos consolidar, como los relacionados con la Agenda 2030; desarrollo sustentable; fortalecimiento del sistema de derechos humanos; un nuevo enfoque en materia de drogas para intensificar los mecanismos de cooperación en contra de la delincuencia organizada, tráfico de armas, entre otros.

ana.langner@eleconomista.mx