Moscú. Las miembros encarceladas de la banda de punk feminista Pussy Riot aseguraron que no sienten remordimiento alguno por su irreverente oración punk en contra del presidente, Vladimir Putin, en la principal catedral de Moscú, que las llevó a la cárcel con una condena de dos años.

Nadezhda Tolokonnikova y María Alekhina ofrecieron una descripción vívida, pero estoica, de sus duras condiciones de reclusión en sus entrevistas publicadas ayer por el periódico independiente Novaya Gazeta. Afirmaron que no esperan clemencia por parte de las autoridades.

Tolokonnikova, que trabaja en una máquina de coser como la mayoría de las mujeres presas en las colonias penitenciarias de Rusia, fue citada por el periódico diciendo que se ha pinchado los dedos con la aguja, pero que ha logrado velocidad y experiencia y que ahora puede cumplir con su cuota de hacer 320 forros para chamarras al día.

Al igual que otras reclusas, se baña una vez a la semana y usa agua fría para lavarse el resto de la semana.

Tres miembros de Pussy Riot fueron declaradas culpables de vandalismo motivado por odio religioso en agosto, luego de que le rezaran estridentemente a la Virgen María para ser libradas de Putin en la Catedral de Cristo Salvador. Una de ellas, Yekaterina Samutsevich, fue puesta en libertad tras una apelación, pero Tolokonnikova y Alekhina fueron enviadas a colonias penitenciarias el otoño pasado.

Tolokonnikova aseguró que su protesta no estaba dirigida a la religión. Fue un acto irónico, alegre y audaz, una protesta política, por decirlo así .