Tokio. Las sirenas sonaron, los trenes se detuvieron y los dolientes inclinaron sus cabezas ayer mientras Japón marcaba el primer aniversario de un doble desastre que mató a unas 19,000 personas y desató una emergencia nuclear.

En un teatro en Tokio, el emperador japonés, Akihito, apareció luego de 22 días de haber sido operado del corazón y guardó un minuto de silencio a las 2:46 de la tarde, la hora exacta en la que hace un año un terremoto de 9 grados de magnitud golpeara la costa noreste de Japón.

En los pequeños pueblos devastados por el terremoto y el tsunami resultante, que en algunos puntos generó olas que alcanzaron los 13 metros de altura, los sobrevivientes vistieron de negro y colocaron flores en lugares donde sus seres queridos habían muerto, zonas que ahora lucen como sitios de obra abandonados.

En un estadio de beisbol en Fukushi­ma, la prefectura donde una planta nuclear obligó a la evacuación de 90,000 personas, manifestantes contra la energía nuclear se reunieron para hablar sobre una fuente de energía que se ha convertido en uno de los problemas que más ha generado divisionismo en Japón y aún sigue sin ser resuelto.

Un año después, el megadesastre permanece más como una crisis que como una parte de la historia; dejó a miles sin empleo ni hogar; causó daños equivalentes al menos de 200,000 millones de dólares en puertos, carreteras, edificios y otras infraestructuras, en una economía ya estancada. Las discusiones en el gobierno han retrasado la aprobación de los presupuestos de reconstrucción y la muy criticada respuesta de las autoridades a la emergencia en la planta de Fukushima Daiichi llevó a una caída de la confianza pública.

La desilusión con el gobierno se manifiesta en el actual debate sobre la energía nuclear, donde muchas comunidades locales se niegan a permitir la reanudación de los reactores en sus costas. Por el momento, sólo dos de los 54 reactores de Japón se encuentran en funcionamiento, un cambio drástico en un país que antes del año pasado dependía de la energía nuclear para generar un tercio de su energía total.

Hasta hoy, más de 300,000 personas siguen viviendo como desplazados, ya sea en unidades de vivienda temporal, en hoteles o en casas de familiares.