LA HUIDA del líder yemení Alí Abdullah Saleh a Arabia Saudita deja a Estados Unidos sin un aliado clave en la lucha contra Al-Qaeda, al tiempo que agrega incertidumbre a las operaciones contra el terrorismo, que ya habían sido debilitadas por el sangriento conflicto interno del país, según el consenso de los expertos en Yemen y en seguridad nacional.

Mientras que Arabia Saudita, con el apoyo de Washington, seguramente evitará a toda costa el regreso de Saleh a Yemen, no queda claro quién será su sucesor ni si habría un cambio de actitud hacia los esfuerzos estadounidenses contra los militantes islámicos en el país. 

El Pentágono y la CIA, que progresivamente han estado comisionando más tropas y equipos a Yemen, tendrán que establecer nuevos vínculos con el liderazgo que surja en Yemen. Algunos líderes de la oposición han expresado dudas que exista siquiera Al-Qaeda en la península arábiga, afirmando que dicha fuente de preocupación para Washington en años recientes es un mito.

Pero, en Washington, altos funcionarios están convencidos de que el grupo Al-Qaeda aprovechará el tumulto yemení para consolidar su base de militantes y lanzar nuevos ataques contra Occidente.  

Observadores afirman que, de continuar la violencia, el caos obligaría a EU a actuar unilateralmente, por ejemplo aumentando las misiones de los aviones de ataque no tripulados.

En la capital yemení de Sanaa seguían las celebraciones por la salida de Saleh, quien recibe tratamiento médico en Arabia Saudita por las heridas sufridas en un ataque la semana pasada. Además, se mantenía la violencia en la ciudad sureña de Taiz, en donde fuerzas de seguridad se enfrentan a militantes.