Bruselas. Regresa el drama migratorio. El pasado jueves naufragó una embarcación con más de dos centenares de personas dentro, de los cuales 116 habrían fallecido; el peor dato de lo que llevamos de año y la “mayor tragedia” para Naciones Unidas.

Según Médicos sin Fronteras, más de 130 de los integrantes de la embarcación fueron rescatados por pescadores locales y la guarda costera. Después del incidente, todos los dedos comenzaron a señalar de nuevo a las instituciones europeas, apuntando su responsabilidad en el salvamento de estos migrantes.

Como respuesta, la alta representante de la UE de Exteriores y Política de Seguridad, Federica Mogherini, horas después mostró su apoyo a las autoridades libias para crear “alternativas seguras y dignas”.

También ha confesado que se necesitan “urgentemente” soluciones predecibles y sostenibles para la búsqueda y el rescate en el Mediterráneo. “El sistema actual de Libia para gestionar la migración irregular y detener arbitrariamente a los refugiados y migrantes tiene que terminar y debe ponerse en plena conformidad con las normas internacionales”.

Pero los problemas migratorios no cesan, y están más candentes que nunca. Este suceso llega mientras el ministro de Interior italiano, Matteo Salvini, sigue con su campaña contra la llegada de nuevos barcos. Una embarcación que atracó en Sicilia con 130 personas está esperando para poder desembarcar tras la petición de Salvini de que los países de la Unión Europea acuerden su reparto con otros estados miembro.

Italia es muestra de la división.

Presión sobre la UE

El lunes pasado, 14 países dieron el visto bueno a un mecanismo de reubicación de las personas que desembarcan en suelo europeo. La propuesta, presentada por el eje franco-alemán, busca un reparto solidario entre los 28 estados miembro para evitar que sólo sean los países del sur quienes asuman las llegadas de barcazas.

Sin embargo, este tímido paso hacia un posible acuerdo no parece que vaya a aportar una solución global al problema. El bloque comunitario está más dividido que nunca. Por un lado, Salvini mantiene sus puertos cerrados y bloqueará cualquier intento de crear una guardacosta europea que opere en el Mediterráneo, una propuesta que lanzó el grupo de Izquierda Unitaria en el Parlamento.

Por otro lado, los países del este se niegan a aceptar la entrada de migrantes a sus fronteras.

Pese a las críticas de Naciones Unidas, que indican que Libia no es un país seguro, todo apunta que la UE mantendrá su política de externalización de fronteras a Libia.