Ramallah y Tel Aviv. Como dice la gran Tracy Chapman, si las pláticas sobre revoluciones suenan a susurro, entonces las pláticas sobre paz tendrían que sonar fuerte, pedirse a gritos, pero la experiencia reciente nos muestra que no es así.

En las calles de Israel y Palestina, hablar sobre un acuerdo es más difícil que hablar de sexo, feminismo o armas nucleares, se hace como insinúa la canción: casi en secreto, a puerta cerrada. Decirlo en voz alta es, para muchos, una traición al pueblo propio.

¿Por qué no un estado donde quepan todos?, le pregunto a un taxista en la ciudad palestina de Ramala.

¿Tú qué harías si alguien llega a tu casa y te dice que ahora es suya? ¿Vivirías con él?

En cambio, cuando le pregunté por qué los hombres pueden tener varios matrimonios a la vez y las mujeres sólo una pareja, me respondió a través de historias personales de cuando sus hermanas le eligieron a su primera esposa; la segunda, una activista francesa, y la tercera pasa demasiado tiempo con su madre. También me explicó con detalle la razón por la que, bajo su lógica, las mujeres no pueden tener más de un hombre: ¿qué apellido llevarían entonces los niños?

Del lado de Israel repito el ejercicio de diálogo:

-Si tienes un solo estado, no puedes tener ciudadanos de primera y segunda clase, me señala la contraparte israelí en  Beit HaLevi, en el centro de Israel, cerca de Netanya.

-Claro, pero entonces todos tendrían los mismos derechos y ya.

Detrás de sus palabras encuentro un poco de temor a vivir como los árabes.

Se refería, por ejemplo, a las leyes y normas que permiten que un hombre tenga varias esposas y orillan a la mujer a cubrir su cuerpo por completo. ¿En México permitiríamos que candidatos políticos llegaran a prohibir libertades a las mujeres?

Los “check points” o puntos de revisión que hay por todo el país son muy duros para los no judíos. Los jóvenes -y muchas veces prepotentes- soldados hacen preguntas que uno está obligado a contestar. Pueden revisar todo lo que deseen. A mí me ocurrió en el aeropuerto Ben Gurión: estuve detenida cerca de dos horas y media sin que nadie me explicara la razón. Me desvistieron hasta quedar en calzones, y al no poder responder a preguntas como el nombre del primer taxista que me llevó cuando llegué al país, me retuvieron el celular, la computadora, los libros y muchas otras cosas, que no volví a tocar hasta que llegué a Estados Unidos.

Hoy se se cumplen 70 años de la fundación del estado de Israel o de la Nakba, o catástrofe, según a quién se le pregunte. Y así de complejo está el entorno.