El pasado 2 de diciembre, Donald Trump se sentó en la oficina de su torre para tomar la decisión más importante de su transición hacia la presidencia: nominar a su secretario de Estado.

Su equipo miraba hacia Mitt Romney, Rudolph W. Giuliani, Bob Corker y David Petraeus.

Trump, a quien no le gusta ser presionado para tomar decisiones, dijo que requería de más tiempo porque tenía dudas. Por casualidad, recibió en su despacho a un hombre que ha servido a presidentes de los dos partidos (republicano y demócrata): Robert Gates. El presidente electo preguntó a su invitado (ex director de la CIA y ex secretario de Defensa), qué opinión tenía sobre la lista de aspirantes. Después de que Gates realizó un análisis introspectivo miró a Trump y éste parecía que buscaba otro nombre. Por eso le preguntó a Gates si él consideraba a otra persona.

Recomiendo a Rex , sentenció Gates. Se refería a Rex Tillerson, presidente ejecutivo de ExxonMobil.

En una entrevista días después, Gates dijo que no había ido a ver a Trump para recomendarle a Tillerson. Un día antes de que Gates visitara la Torre Trump, Condoleezza Rice le había propuesto al próximo vicepresidente, Mike Pence, el nombre de Tillerson.

Rice y Gates tienen una consultoría que es cliente de ExxonMobil, y Bob pensó que Rex Tillerson sería una alternativa fresca como secretario de Estado.

Trump parecía intrigado , dijo Gates. No fue algo que hubiera considerado .

El resultado fue una decisión inesperada: nombrar como jefe de la diplomacia al jefe de una empresa multinacional.

El caso representa una lección sobre el liderazgo y la estructura en la toma de decisiones de un presidente electo que nunca ha trabajado en el gobierno, cuyo estilo es poco ortodoxo, con lo que sus decisiones podrían cambiar el mundo. El proceso que utilizó Trump para tomar la decisión pareció el guion de un reality-show, al que incluyó muchos tuits, visita pública en restaurante con Romney y opiniones positivas de Giuliani.

Trump demostró que no toma decisiones bajo presión de terceros. También reveló que no tiene compromisos con el partido que lo postuló. Quizá, lo que anhelaba, era una conexión.