Pekín. Los tanques de la plaza de Tiananmen, 30 años después de la represión, han dejado el sitio a un arsenal más discreto pero igual de eficaz para el régimen chino: miles de cámaras atentas al mínimo atisbo de protesta social.

En la inmensa explanada del corazón de Pekín, las cámaras vigilan a los turistas que admiran el retrato gigantesco de Mao Zedong.

Estas cámaras colgadas de las farolas son el lado visible del arsenal tecnológico a disposición del Partido Comunista Chino (PCC) para impedir un movimiento prodemocracia como el de 1989, reprimido duramente el 4 de junio de ese año.

La obsesión del régimen por la inteligencia artificial y el reconocimiento facial añadió sofisticación a esta red de vigilancia compleja. Permite a la policía llamar a la puerta de cualquier presunto alborotador, denuncian varios disidentes.

“Gracias a la mejora de las tecnologías de vigilancia, sería mucho más difícil hoy celebrar manifestaciones como las de Tiananmen en 1989”, destaca Patrick Poon, de Amnistía Internacional.

176 millones de cámaras

Desde la llegada al poder del presidente Xi Jinping en el 2012, Pekín redujo el espacio de las libertades civiles, arremetiendo contra los abogados, disidentes y hasta los estudiantes “marxistas” defensores de los derechos de los trabajadores.

Los censores del régimen han reforzado el control de las redes sociales, vigilan las conversaciones entre millones de individuos y bloquean cualquier contenido políticamente sensible, en particular la represión de 1989. Ante la proximidad de la fecha del 4 de junio, la enciclopedia Wikipedia ha sido bloqueada en todas las lenguas.

El nuevo arsenal del Estado policía incluye programas informáticos de reconocimiento vocal para identificar a las personas por teléfono y un programa de recogida de muestras de ADN, según Xiao Qiang, un físico contestatario.

China contaba en el 2016 con cerca de 176 millones de cámaras de vigilancia contra 50 millones en Estados Unidos, según el gabinete IHS Markit. De aquí al 2022 subirán a 2,760 millones en un país de 1,400 millones de habitantes, o sea, dos por persona.