En el centro de la capital argentina, las cicatrices de la pandemia son claramente visibles. En las vidrieras de las tiendas, carteles como "Nos vamos", "Liquidación Final" o "Cerramos" son una dolorosa muestra del impacto económico del Covid-19.

En todo el mundo, los centros turísticos y financieros de las ciudades se han enfrentado a un duro cambio desde que el coronavirus se diseminó el año pasado, lo que obligó a cerrar oficinas y forzó a muchas personas a trabajar desde sus casas, limitando el movimiento de personas en cafés, comercios y otros servicios en las zonas céntricas.

El golpe fue mayor en Buenos Aires, ya que la pandemia llegó cuando el país intentaba recuperarse de una profunda crisis económica de la que aun no logró salir.

"Este edificio (ubicado en la turística peatonal Florida) está vacío porque la mayoría de las personas que tenían acá sus oficinas están trabajando en sus casas y ya no volvieron", explicó Fabián Castillo, presidente de la Federación de Comercio e Industria de la ciudad de Buenos Aires, en una videollamada con Reuters.

"Ya veníamos mal, de años arrastrando situaciones y, de golpe, chocamos con un iceberg y nos encontramos con que no teníamos botes salvavidas", agregó.

En 2020 la actividad económica de la ciudad de Buenos Aires se desplomó 9.2%, en línea con la caída del resto del país, que impuso fuertes restricciones ante la pandemia, con cierre de escuelas casi todo el año, prohibición de encuentros y actividades sociales y limitaciones para el uso del transporte público.

Ahora la ciudad busca recuperarse y repensar cómo funcionará el centro tras la pandemia, con oficinas que se conviertan en viviendas para atraer nuevos residentes a una zona que tenía un uso mayoritariamente laboral.

"La pregunta que nos hacemos no es si vamos a volver o no (al centro), porque es un área de la ciudad que tiene mucha infraestructura, por supuesto que se va a volver", señaló a Reuters Álvaro García Resta, secretario de Desarrollo Urbano del Gobierno local.

"Lo que estamos tratando de hacer es ver cómo queremos volver, y tratar de ayudar a que el centro de la ciudad se vuelva un barrio más para vivir", agregó.

El Gobierno de la ciudad espera aprobar en las próximas semanas un proyecto que propone subsidiar tasas de interés en préstamos para que los propietarios de oficinas puedan reconvertirlas en viviendas. Los comerciantes también quieren algún tipo de alivio fiscal en la transición.

Enorme daño

En la calle Florida, situada en el corazón de la ciudad, donde tenía una afluencia de un 70% de turismo y un 30% de empleados de oficinas, el cierre de negocios y la pérdida de puestos de trabajo fue rotundo.

"El turismo estaba cerrado, las oficinas empezaron a hacer home office, entonces el perjuicio que tuvo esta arteria como toda la zona del microcentro fue muy grande, enorme", explicó en su local de ropa de hombre Héctor López Moreno, presidente de la Asociación de Amigos de la Calle Florida.

"Eso provocó una gran cantidad de cierre de locales y muchas empresas y negocios que se fundieron (quebraron)", añadió.

Según la Asociación, de los 900 locales comerciales habilitados en las galerías de la calle, unos 500 cerraron. Se perdieron unos 2,500 puestos de trabajo.

López Moreno, que dirige la tienda que fundó su padre en 1947 en la calle Florida, dijo que las ventas empezaron a repuntar a medida que se suavizaban las restricciones por la pandemia, pero solo representan entre el 30% y el 40% de los niveles prepandémicos.

"No alcanzaba ni para salvar gastos", explicó y sostuvo que espera que el avance de la vacunación permita la reapertura paulatina del turismo local e internacional.

Willy, un conocido lustrabotas de una esquina del microcentro que no quiso dar su apellido, está esperanzado en el proyecto de reconversión, después de haber pasado meses "muy difíciles".

"Los que trabajamos por nuestra cuenta la pasamos muy mal", explicó Willy. "Que venga más gente ya es bueno para todos, más movimiento, que es lo que nos hace falta", agregó.