Beijing. Dice “mentiras y falacias”, según un vocero del gobierno chino. Es “un animador del odio”, publica un periódico del Partido Comunista.

Él ha “perdido la cabeza”, puntualizó un embajador chino en abril.

A medida que las relaciones entre Estados Unidos (EU) y China se han desgastado a niveles nunca vistos en décadas, un funcionario estadounidense se ha destacado como el principal objetivo de las críticas: el secretario de Estado, Mike Pompeo.

Esta semana no fue la excepción. Un noticiero estatal lo comparó con un gángster.

“El mundo debe estar atento a la erosión de la paz humana causada por Pompeo, que es como la que produce un gusano”, dijo un presentador a cientos de millones de espectadores chinos. “Todo el mundo diplomático debe despreciar y reprimir su conducta”.

De alguna manera, las frecuentes críticas de Pompeo hacia China se dirigen hacia los puntos más débiles y dolorosos para Beijing, como su historial de derechos humanos en Xinjiang, sus prácticas comerciales y las denuncias de espionaje.

Las expresiones contra EU en medios chinos reflejan el mal estado de salud por el que pasa la relación bilateral. Pompeo viaja por el mundo promoviendo un boicot contra Huawei.

Esta semana, mientras funcionarios estadounidenses y chinos preparaban una reunión entre el presidente Trump y el presidente chino, Xi Jinping, en Japón, Pompeo estaba en Nueva Delhi persuadiendo a los indios a tener más actividades en el Mar de China Meridional en contra de los deseos de su rival mutuo, China.

Pompeo es la cabeza de turco.