El noruego Anders Behring Breivik, quien mató a 77 personas en julio, levantó la mano a modo de saludo ultraderechista, sonrió con ironía y se declaró no culpable en el primer día de un juicio que podría convertirse en un "circo" que exponga sus opiniones contra el Islam.

Breivik, de 33 años, ha admitido haber colocado un coche bomba que mató a ocho personas en una sede gubernamental en Oslo en julio pasado, y de haber matado después a 69 más en un tiroteo en un campamento juvenil organizado por el Partido Laborista.

El juicio se centrará en su culpabilidad y su salud mental. Aunque se arriesga a pasar entre rejas el resto de su vida, el autor afirmó que ser declarado insano sería "un destino peor que la muerte".

El acusado escuchó impasible durante horas mientras la fiscalía leía la acusación, que detalló cómo masacró a decenas de adolescentes atrapados en una isla turística en las afueras de Oslo. Sólo lloró cuando el tribunal mostró uno de sus videos de propaganda.

Vestido con traje y una corbata floja, Breivik entró en el tribunal esposado y sonrío burlonamente varias veces mientras le retiraban las esposas, colocando después el puño derecho sobre el corazón y luego extendiéndolo a modo de saludo.

No reconozco a los tribunales noruegos. Han recibido su mandato de partidos políticos que apoyan el multiculturalismo", dijo Breivik. "No reconozco la autoridad del tribunal", agregó.

"Reconozco los hechos pero no la culpa penal porque invoco la defensa propia", añadió, sentado frente a un cristal antibalas.

Ahogando bostezos ocasionales, el asesino confeso hizo sonar sus nudillos y bebió agua mientras miraba los documentos de la acusación y oía sin emoción aparente la lista de sus víctimas. Algunos detalles fueron tan explícitos que la televisión noruega cortó las descripciones de las muertes.

La fiscalía reprodujo una grabación de una llamada de emergencia realizada por una de las asistentes del campamento, que se escondía en el baño de una cafetería.

"Hay disparos todo el tiempo. He visto a muchos heridos. !Está dentro!", gritó Renate Taarnes mientras 13 personas morían abatidas en la cafetería. "Viene, viene", dijo en medio del sonido de disparos de fondo.

Pero Breivik, que actuó a modo de "lobo solitario", sólo derramó lágrimas al ver un video de imágenes fijas acompañadas de texto, que recogía su visión sobre las maldades del "multiculturalismo" y la "guerra demográfica islámica".

"Creo que siente lástima de sí mismo", dijo Mette Yvonne Larsen, una de las abogadas que representa a las víctimas. "Su proyecto no funcionó, por eso llora. No está llorando por las víctimas (...) está llorando por su película extremadamente infantil", agregó.

Se prevé que el juicio durará 10 semanas, y algunos temen que reabra heridas en un país que se enorgullece de su sociedad tolerante y pacífica.

Más de 200 personas ocuparon asiento en un tribunal especialmente construido en Oslo, mientras que unos 700 supervivientes y familiares de las víctimas seguían el proceso a través de un circuito de video cerrado en todo el país.

"Hoy empieza el juicio, será un momento difícil para muchos", dijo el superviviente Vegard Groeslie Wennesland, de 28 años, a las puertas del tribunal. "La última vez que le vi en persona estaba disparando contra mis amigos", agregó.

"PÁNICO Y MIEDO MORTAL"

Algunos noruegos temen que Breivik convierta el juicio, que cubren unos 800 periodistas, en una plataforma desde la que difundir sus puntos de vista contrarios a la inmigración. Su defensa ha convocado a 29 testigos, desde islamistas a blogueros de extrema derecha, para arrojar luz sobre sus puntos de vista.

La fiscal Inga Bejer Engh habló del "pánico y miedo mortal de los niños, jóvenes y adultos" atrapados en la isla.

En una carta reciente al periódico noruego VG, Breivik declaró: "El caso parece que será un circo (..) es una oportunidad absolutamente única para explicar la idea de (el manifiesto) al mundo".

Breivik escribió un manifiesto online de 1,500 páginas para futuros atacantes.

Un examen psiquiátrico inicial concluyó que Breivik no estaba en su sano juicio mientras que un segundo, completado la semana, no halló pruebas de psicosis. Resolver este conflicto podría ser la principal decisión de un comité de cinco jueces.

Si se dictamina que está en su sano juicio, Breivik afronta una pena máxima de 21 años de cárcel pero podría permanecer confinado si se considera que sigue siendo un peligro. Si se determina que no estaba cuerdo, permanecería en una institución psiquiátrica indefinidamente, con revisiones periódicas.

RDS