Beirut. El presidente sirio, Bashar al-Assad, asistió ayer a las oraciones en una mezquita de Damasco para marcar el inicio de una festividad musulmana; su primera aparición en público desde el atentado del mes pasado en el que murieron cuatro de sus funcionarios de seguridad.

En otras partes del país, miles protagonizaron protestas contra el gobierno en las mezquitas y cementerios tras las oraciones especiales que marcan la Eid al-Fitr, la fiesta de tres días que concluye el ayuno del mes sagrado del Ramadán. Los musulmanes piadosos tradicionalmente visitan las tumbas y recitan oraciones por los muertos en el día de fiesta.

Un video amateur publicado por activistas en Internet muestra a un gran grupo de fieles en una mezquita en el distrito de al-Zahera en Damasco gritando al mismo tiempo que aplauden sobre sus cabezas: No hay otro Dios más que Alá y Al-Assad es el enemigo de Dios .

¡Que Dios proteja el Ejército Libre de Siria! También gritaron al referirse al principal grupo rebelde que lucha para derrocar a Al-Assad.

El Ramadán en Siria fue especialmente letal de este año al alcanzar la guerra las dos principales ciudades de este país: Damasco y Aleppo. El régimen sirio ha sufrido una serie de reveses en el último mes que apuntan a un debilitamiento de su control sobre el país.

El atentado del 18 de julio en la sede de la seguridad estatal fue un duro golpe para Al-Assad. Su cuñado fue uno de los cuatro funcionarios asesinados. También ha habido un flujo constante de deserciones entre los funcionarios gubernamentales, diplomáticos y generales en los niveles más altos, aunque el círculo íntimo de Al-Assad y el Ejército se han mantenido cercanos a él. Y el régimen no ha podido dominar a los rebeldes en las dos principales ciudades.