El primero de julio pasado se cumplieron 20 años de la entrada en vigor del sistema de pensiones basado en cuentas individuales en administradoras de fondos para el retiro (afores), que permite a todos los trabajadores acumular su ahorro para el retiro en una cuenta individual, a su nombre.

Es un sistema que desde mi punto de vista cuenta con muchas ventajas sobre el anterior y es mucho más transparente. Sin embargo, también es cierto que al no haber aumentado el monto de las contribuciones obligatorias (en México son de las más bajas en el mundo), genera pensiones significativamente menores a las del régimen anterior. Muchas personas lo desconocen, a pesar del esfuerzo de las autoridades para comunicarlo e incentivar así el ahorro voluntario.

Hay quienes dan un vistazo al pasado y piensan que era mejor la ley anterior para la gente. Desafortunadamente era completamente inviable. De hecho los que todavía cotizamos bajo la ley 73 no tenemos la certeza de que el Instituto Mexicano del Seguro Social siga existiendo o tenga dinero para pagarnos las pensiones en el futuro.

Parece mentira pero eso ya ha pasado en países como Argentina, Grecia y otros donde simplemente no había dinero y no se podían subsidiar de otra manera.

Por otro lado, hay gente que bajo la ley 73 perdió sus derechos por dejar de cotizar y desconocían este aspecto de la ley. Se quedaron así con las manos vacías: sin derecho a ningún tipo de pensión y tampoco sin dinero: sin ningún derecho sobre todo lo que contribuyeron a lo largo de los años.

Con la ley actual eso no pasaría: ahora, por lo menos, lo que uno ha aportado está en una cuenta a nuestro nombre. Si por alguna razón uno no cubre los requisitos para obtener una pensión, uno puede retirar ese dinero. No nos quedamos con las manos vacías.

El problema de fondo no es el sistema, sino que como ya mencioné, el monto de las aportaciones que simplemente no alcanza para una buena pensión, además de que mucha gente por el problema de empleo en México, no cotiza durante 40 años con contribuciones constantes a lo largo de toda su vida, sino que lo hace de manera intermitente.

Bajo la ley 73 el problema era el mismo: las aportaciones simplemente no alcanzaban para pagar las pensiones que garantizaba esa ley y la diferencia tiene que salir del presupuesto del país, es decir, parte de los impuestos que pagamos todos en México no se utiliza para construir escuelas, para desarrollar infraestructura, sino para complementar el pago de las pensiones. Los estudios actuariales demostraban que en unos años de haber mantenido dicha ley todo el presupuesto del gobierno federal se habría tenido que destinar a pagar pensiones y quizá no habría alcanzado. Hubiera sido mucho peor: un país quebrado sin dinero para crecer, ni para pagarle pensiones a los adultos mayores, lo cual sin duda habría sido una enorme tragedia.

Ahora bien, también debemos recordar que parte del problema de la ley 73 es que nunca se hicieron las reservas correctas.

Es sabido que el dinero de las pensiones se utilizó para muchas otras cosas, hubo irresponsabilidad en el manejo de los recursos también. De cualquier manera, hubiera sido insostenible.

La ley 97 evita precisamente que los gobiernos se vean tentados a utilizar los recursos de los trabajadores para otros fines, los mezclen o simplemente no lleguen donde deberían estar.

Por el contrario, si algo se ha demostrado en los 20 años de vigencia del sistema actual es que el dinero de los trabajadores está protegido y las inversiones que pueden hacer las afores, estrictamente reguladas y vigiladas.

Por otro lado, los rendimientos netos (después de comisiones) han sido sumamente atractivos: 5.53% en términos reales, es decir, por arriba de la inflación.

Por eso siempre he dicho que a pesar de las minusvalías ocasionales que son naturales porque son parte inherente de los mercados financieros, las administradoras han sido una de las mejores alternativas de inversión para la mayoría de las personas, por lo menos para aquellos que buscan una forma sencilla de ahorrar y que no cuentan con los conocimientos suficientes para desarrollar su propio portafolio de inversión de largo plazo, con un énfasis en el control del riesgo.

En la siguiente colaboración hablaré de algunos otros logros que ha tenido el sistema de pensiones y también de algunas áreas de oportunidad a manera de crítica constructiva.

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