(última de dos partes)

La primera regla de las inversiones es: nunca inviertas en algo que no entiendes. En realidad no es complicado, no se trata de que seas un experto financiero, pero sí de entender los aspectos fundamentales. Debemos saber entonces cómo funciona el instrumento en el que pensamos invertir, cuáles son sus riesgos y rendimiento potencial, así como sus costos.

Desde luego, un concepto esencial de las inversiones es la diversificación, que es la herramienta que tenemos para controlar el riesgo de nuestro portafolio. Uno no va a invertir sólo en un instrumento y esto es muy importante que las personas lo entiendan. Frecuentemente la gente busca en dónde o en qué invertir como si hubiera un instrumento ideal. No es así, porque además cada persona tiene objetivos radicalmente distintos. No es lo mismo invertir para dar el enganche de una casa en tres años, que hacerlo para nuestro retiro en 30. El portafolio ideal es completamente distinto. Además, las personas piensan y sienten de forma diferente, por lo cual tienen distinta tolerancia al riesgo.

El reto es combinar distintos instrumentos de tal manera que podamos maximizar nuestro rendimiento esperado, sin exceder nuestra tolerancia al riesgo. Se dice fácil y de hecho no es tan difícil, porque existe una gran cantidad de portafolios modelo que podemos adaptar a nuestra situación.

Así como en cualquier instrumento de inversión debemos comprender cuál es el rendimiento esperado, y como el riesgo asociado, lo mismo en el caso de un portafolio de inversión. Debo enfatizar esto: siempre debemos saber qué esperar de nuestras inversiones, principalmente en cuanto al riesgo.

¿Qué pasa con nuestro portafolio si hay una crisis financiera global? ¿Podemos tolerar una caída de 50% en el valor de nuestro portafolio en cuestión de semanas? Hay gente que sí lo aguanta porque sabe que eso pasa en los mercados financieros y no le asusta. Es más: en esos momentos, si tiene dinero adicional, busca comprar más activos porque sabe que volverán eventualmente a subir y cuando eso suceda tendrá una ganancia importante.

Pero hay personas que no: se asustan y venden todo, para salvar lo que puedan. Ellos son los que claramente excedieron su tolerancia al riesgo. Por eso es tan importante comprenderla: para no tomar decisiones precipitadas, sobre todo si nuestro horizonte de inversión es de muy largo plazo y nos faltan 20 años para alcanzar nuestras metas.

Un portafolio de inversión de muy largo plazo bastante conservador puede ser muy sencillo: 80% en instrumentos de deuda, 20% en instrumentos de renta variable. Claro que se debe hacer un poco más segmentado para tener una adecuada diversificación, por lo que esta composición se podría desagregar de la siguiente manera: 20% en deuda de corto plazo, 20% en deuda de mediano plazo, 40% en deuda de largo plazo, 15% en renta variable de mercados desarrollados y 5% en renta variable de mercados emergentes. Claro: es sólo un ejemplo, pero puede funcionar.

Para personas agresivas, con alta tolerancia al riesgo, puede ser completamente al revés: 20% en instrumentos de deuda y 80% en instrumentos de renta variable. En este caso se pueden incorporar otro tipo de activos en renta variable, como fibras (fideicomisos de inversión en bienes raíces), commodities o incluso inversiones en startups.

Hay muchísimos portafolios probados de este tipo. Se les llaman lazy portfolios?porque la intención es comprar y mantener en el largo plazo, no andar haciendo cambios ni adivinando tendencias. Cuando se construyen, se utilizan instrumentos indexados, para no correr el riesgo de obtener rendimientos inferiores al mercado. Y eficientes, con bajísimos costos asociados. Esto es importante, porque como señalamos en la colaboración anterior, pueden comerse gran parte de nuestros rendimientos. Un ejemplo de instrumentos eficientes son los ETF, que cualquier inversionista puede comprar en México a través de una casa de Bolsa (hoy se pueden abrir cuentas a partir de 100 pesos, pero también hay que comparar las comisiones que éstas cobran y evitar aquellas que contemplen costos sobre el valor del portafolio o cuotas por administración).

Ahora bien, cuando uno elige la composición de su portafolio, eso no significa olvidarse de él. Los distintos tipos de instrumentos se comportan de manera distinta y, con ello, la composición puede cambiar con el tiempo. Por ejemplo, si elegimos el portafolio conservador (80% deuda, 20% renta variable), los mercados tuvieron un año muy bueno y el componente de renta variable creció 25% en promedio, nuestro portafolio ahora tendrá porcentajes distintos: quizá 70% de deuda y 30% en renta variable. Entonces tendrá un mayor riesgo.

El rebalanceo consiste en volver a los porcentajes originales: es decir, vender un poco de renta variable, con eso comprar instrumentos de deuda, para que su composición vuelva a ser 80% deuda y 20% variable, como definimos originalmente.

¿Cada cuánto se debe hacer este rebalanceo? Una vez al año, no se necesita más, a menos que detectemos un cambio muy fuerte en su composición.

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