Para que exista una inclusión financiera efectiva se debe hacer una adecuada anticipación de servicios financieros que respondan a las necesidades de largo plazo, mencionó Gustavo del Ángel, director de la División de Economía del CIDE.

"El análisis contribuye a diseñar una mejor inclusión en el ahorro previsional, en particular en el ahorro para el retiro. Esto con aspectos importantes: una propuesta relevante y asequible para la población que no está incluida en el sistema del ahorro e involucrar estrategias para rediseñar el ahorro a largo plazo", dijo Gustavo del Ángel.

Por su parte, María José Roa, experta en inclusión financiera explicó que existen barreras que impiden el acercamiento con el sistema del ahorro, como los obstáculos estructurales del sistema fiscal y la falta de oportunidades laborales y salariales, que están asociadas al sector financiero como la accesibilidad económica, elegibilidad y accesibilidad física.

"El enfoque que se debe tomar para incluir más personas es una aproximación integral, en el sentido que nos planteemos, las distintas barreras que determinan los bajos o nulos niveles de ahorro a corto y largo plazo", dijo Roa en el marco de la Semana Nacional de Educación Financiera.

Sesgos de comportamiento

Para eliminar o paliar los sesgos de comportamiento financiero, como la falta de autocontrol en el ahorro o demandas de círculos informales, es necesario tener un compromiso en el ahorro para planes de largo y corto plazo.

"El enfoque ha sido el tener estos productos de compromiso en donde no tocamos el dinero, pero esto puede poner más estrés financiero porque muchas veces no se adapta a las necesidades de las poblaciones vulnerables", mencionó Roa.

Para la especialista, el compromiso de tener una cuenta de ahorro se le debe sumar la flexibilidad porque como se ejerce más estrés financiero y por tanto la premisa que debiera tener el ahorro es: "¿qué te permite ahorrar?"

Educación Financiera, más que conocimientos financieros

La educación financiera debe tener una visión más amplia, por ejemplo abastecer las necesidades del individuo y concientizar a la personas de los diferentes enfoques para ahorrar.

"Va más allá de conocimientos financieros (...) También es necesario para tomar buenas decisiones financieras y en última instancia lograr el bienestar financiero", dijo Roa.

Explicó que la educación financiera no es el último insumo que puede afectar a la salud financiera, si se canaliza de manera adecuada. El discurso debería centrarse en las capacidades financieras en donde se engloban cada uno de los elementos.

En última instancia agregó que se pueden tener comportamientos financieros muy saludables hasta en las poblaciones más vulnerables, pero si no hay acceso oportuno no se logra nada. Debe de haber un cambio de paradigma, un cambio de sistema.

"Podemos tener muy buenas capacidades, pero si no tenemos acceso a productos financieros que se adapten; poco podemos hacer para el ahorro de largo y corto plazo", mencionó.

Finalmente, Ana Laura Martínez, coordinadora de la Unidad de Innovación del Laboratorio Nacional de Políticas Públicas, mencionó que en México se suele pensar que educación financiera es tener un "cochinito" para ahorrar, sin embargo debe buscar la manera de entender nuevos instrumentos financieros formales.

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