Muchas personas piensan que todos los bancos son iguales: tienen cuentas con o sin chequera, tarjeta de débito, así como servicios que parecen ser lo mismo en todos los casos. En realidad no es así: puede haber diferencias importantes particularmente en los costos y comisiones que cobran, así como en la calidad del servicio.

No es lo mismo hacer una reclamación a un banco grande cuando tienes un cargo no reconocido en tu tarjeta de crédito, que hacerlo en un banco de nicho en donde generalmente te atienden de una manera mucho más personalizada.

Sin embargo, los bancos grandes tienen una red de cajeros mucho más amplia, lo cual en ciertas situaciones puede ser muy conveniente para no tener que pagar comisión por utilizar el cajero de otra institución.

Durante muchos años fui cliente de un banco grande, pero un día tuve un problema (me cancelaron mi cuenta de manera unilateral y sin avisarme). Esa cuenta, además tenía saldo, recuperarlo me tomó varias vueltas a mi sucursal, que además me quedaba lejos de mi lugar de trabajo. Ante ello, que lo consideré un ultraje, decidí no sólo no volver a abrir una cuenta ahí, sino también cancelar, poco a poco, todos los demás servicios que tenía con esa institución.

Entonces me puse a revisar la oferta de todas las demás instituciones financieras para encontrar aquella cuenta que mejor sirviera a mis necesidades. Yo hago casi todas mis operaciones en línea, por lo cual algo importante es que no me cobren comisión por transferencias electrónicas, ni por mantenimiento de cuenta. Lo encontré y desde entonces estoy feliz.

Pero no sólo eso: dicho banco no ofrece hoy en día tarjetas de crédito, así que tuve que buscar también cuál era la mejor para mis necesidades particulares. Comparé entre otras cosas los costos, así como los programas de recompensas y encontré una que me da un valor agregado muy significativo. Además, si abría una cuenta de cheques con esa institución y pagaba con ella mi tarjeta, me exentarían la cuota anual de la misma (lo cual era muy conveniente). Esa cuenta la uso única y exclusivamente para pagar mi tarjeta (y mantengo un pequeño saldo para no generar ninguna comisión).

Lo mismo sucede con otros productos financieros, como el crédito hipotecario. No todos son iguales: algunos tienen diferencias que pueden ser muy significativas. Tratándose de un crédito a tan largo plazo, una pequeña diferencia en tasas de interés puede representar un costo adicional de miles de pesos a lo largo de la vida del crédito. Muchos ofrecen prepagos sin comisión, pero limitan a que el pago adicional sea por lo menos equivalente a una mensualidad extra. Otros no tienen esta restricción ni monto mínimo para pagos anticipados. Eso también puede representar una diferencia importante.

Pero, además, aunque algunos créditos aparentemente tienen condiciones más competitivas, esconden una cuota mensual fija, adicional, llamada comisión por autorización diferida . Particularmente este cobro me parece inaceptable, porque es un monto que permanece igual aun si uno hace pagos anticipados. Si uno multiplica este importe por la cantidad de meses del préstamo, la comisión puede significar decenas de miles de pesos.

¿Conviene usar los comparadores de productos que hay en internet?

La gran mayoría de las páginas que se ostentan como comparadores de productos financieros, por lo general no son muy buenos. Son sitios diseñados para vendernos esos productos, ya que algunas instituciones financieras les pagan una comisión por conversión: por cada tarjeta, cuenta o crédito que se venda a través de los enlaces o anuncios de la página.

Por eso mismo suelen tener sólo información de esas entidades financieras en convenio y aunque sí resaltan los beneficios de cada producto, no señalan los inconvenientes. Usualmente toman la información de marketing proporcionada por cada institución financiera que decide hacer disponible su producto en esa plataforma.

Finalmente, siempre me da tristeza encontrarme a gente que contrató un producto financiero sólo porque se lo ofrecieron o vendieron.

Por ejemplo, aquellos que se endeudaron con un crédito de nómina sin haberlo necesitado, simplemente porque el cajero del banco les informó que tenían un monto preaprobado. Firman sin conocer la tasa de interés ni las condiciones de lo que están contratando y por eso terminan con muy malas experiencias.

Para contratar cualquier producto financiero, haz siempre tu tarea. No confíes en los expertos ni dejes que otro lo haga por ti.

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