La proliferación de la informalidad en la ciudad de México no tiene diques, ni físicos ni legales. En el lugar más inesperado e inadecuado, de la noche a la mañana aparecen puestos ambulantes, sin normativa alguna ni permiso formal de la autoridad, y sí con inconvenientes, como la obstrucción de la vía pública y riesgos para la gente, pues muchos de esos negocios instalan tanques portátiles de gas que utilizan como combustible para cocinar.

Incluso colonias residenciales ya padecen por la creciente presencia de negocios con estructuras improvisadas. Y no hay delegación que escape a esta irregularidad.

Desde temprano, en el cruce de San Jerónimo y avenida de las Fuentes, de la colonia Jardines del Pedregal, al menos dos concurridas taquerías operan con normalidad. Varios clientes comen mientras cuatro personas despachan dentro de los puestos a todo tren. La escena es cotidiana, pero son negocios informales que operan al amparo de la autoridad. Los supervisores de la delegación Álvaro Obregón pasan por alto que invaden la banqueta y obligan a los peatones a continuar su camino sobre el arroyo. También se estacionan allí autos que obstruyen el paso de otros vehículos en circulación. Además, los ambulantes se abastecen con un tanque portátil de gas. Y no falta quien se pone a fumar a un lado, con el riesgo que conlleva.

La presencia de los inspectores de la vía pública parece inexistente, aunque hay quienes aseguran que sí pasan, y esos y muchos otros puestos son visitados tres o cuatro veces por semana, pero no para removerlos conforme a la ley, sino para recibir una gratificación, que permite continuar la operación comercial fuera de norma.

La versión fue confirmada por un comerciante establecido, quien pidió no revelar su identidad por miedo a represalias. Relató que a veces los puestos son retirados, pero sólo durante unos días, cuando no entregan su cuota a los inspectores, pero en cuanto vuelven a pagarla, los dejan instalarse otra vez sin mayor problema .

En el caso de San Jerónimo y avenida de las Fuentes, se trata de una zona residencial, donde también hay edificios de oficinas. Allí, la informalidad opera sin obstáculos. Genera molestia en los vecinos y degrada la imagen urbana de la zona, pero eso importa poco.

En ese microespacio lo que cuenta es la negociación entre los ambulantes y los inspectores.

Es un botón de muestra de un problema que sigue sin resolverse en la delegación Alvaro Obregón. La titular, María Antonieta Hidalgo, lleva poco más de 100 días en el cargo, y pese a que en su campaña se refirió frecuentemente a la necesidad de recuperar los espacios públicos, no hay visos de que esté enterada o de que haga algo al respecto.

Como ése, cientos de espacios públicos en la Álvaro Obregón, y en otros puntos de la ciudad, son utilizados para el comercio informal, con la anuencia de las autoridades delegacionales.