El luxemburgués Joseph Hess ha desarrollado un concepto innovador que combina energía eólica y solar con tecnología cloud para que la producción energética pueda integrarse a una red eléctrica local. Actualmente, el ingeniero está negociando la venta de su tecnología con varios países africanos.

Mejorar el acceso a la energía es un desafío mundial, especialmente cuando se trata de respetar el medioambiente en el proceso. El impacto ambiental de las torres de antenas GSM, alimentadas con generadores de energías fósiles, es extremadamente negativo. Cada una de estas antenas produce el equivalente a 30 toneladas de CO2 por año. Hay alrededor de un millón de torres de GSM “off-grid”, o fuera de red, solamente en África.

Tras trabajar por años en el sector industrial, Hess decidió darle un giro sustentable a su carrera en 2010. Puso a prueba dos modelos iniciales de su aerogenerador inteligente en un túnel de viento, y acabó por desarrollar un prototipo avanzado que se instaló en 2014 en el edificio Aquatower, en Berdof, Luxemburgo. Ahora el prototipo debe ser actualizado, en especial su equipo eléctrico, para poder conectarse a la misma red en donde operan los nuevos proyectos de la empresa. Después de casi dos años de actividad exitosa, fue desmontado y cada uno de sus componentes fueron analizados para retirar conclusiones de su funcionamiento. Esto permitirá que Swirl (Smart Wind Integrated Renewables Lëtzëbuerg), la empresa de Hess, lance una producción en serie de la mini turbina.

El aerogenerador híbrido de Swirl combina energía eólica y solar y se adapta a su ambiente, lo que le ofrece autonomía. Es el primero en el mundo dotado de inteligencia artificial. “Desarrollamos un algoritmo para optimizar el rendimiento del aerogenerador. Se adaptará a los cambios en el viento y recogerá datos de temperatura, humedad, entre otros. Será un experto de su propia actividad”, explica Hess.

Swirl tiene relativamente pocos competidores en este segmento del mercado. Una empresa francesa que pertenece al grupo de ingeniería y consultoría EGIS vende turbinas eólicas integradas a torres GSM, un poco más complejas y, por ende, más costosas. La empresa china Urban Green Energy también fabrica y exporta pequeños sistemas aerogeneradores.

El diseño de Hess tiene aspas de cuatro metros y pesa tan sólo 20 kilos. “La producción demora ocho horas. Nos asociamos con Canadian Solar para la parte fotovoltaica, y la batería de litio proviene de China”, comenta el fundador de Swirl. “Queremos reducir las emisiones de carbono de manera inteligente”.

En los países occidentales, la energía renovable progresa a la par en áreas urbanas y rurales. Un particular puede incluso vender la electricidad producida por sus propios aerogeneradores o paneles solares. En países emergentes, es difícil abastecer a todo el mundo a través de las redes convencionales eléctricas, debido a la baja densidad de las poblaciones rurales, a las enormes distancias que las separan, y a la escasa rentabilidad que implican tales condiciones. Swirl busca instalar sus pequeños aerogeneradores en estas zonas aisladas donde una gran infraestructura energética no tiene sentido. “Podemos producir 50 kilowatts [con cada aerogenerador], lo suficiente para cubrir las necesidades de un pueblo pequeño. África tiene un potencial fenomenal”, apunta Hess.

Tal es el caso de la red móvil, que bien podría transmitirse a través de estas antenas de nueva generación, particularmente porque la tecnología 5G consume mucha menos energía que sus predecesoras. Dentro del modelo de negocios de Swirl, África tiene sentido. “Vender pequeños aerogeneradores individuales en Europa no es rentable. Por las normativas y desde el punto de vista de la altura, la distancia entre las casas, el ruido, las tarifas de los servicios públicos…” aclara Hess. “Lo mismo sucede en varias partes del mundo, excepto quizás en ciertas regiones de Estados Unidos o Canadá.”

El luxemburgués estima que solo dentro de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (ECOWAS), hay potencial para implementar 128,000 mini redes en torno a sus pequeños aerogeneradores para 2030. Swirl busca crear trabajos dentro de las comunidades africanas asegurándose de que las turbinas sean instaladas por empresas locales que contraten empleados formados a nivel local.

En 2017, Swirl obtuvo la primera certificación mundial gracias a su aerogenerador adaptado a técnicas de “machine learning”, o aprendizaje automático. El actual modelo de negocios de la empresa se basa tanto en la venta de licencias como en la provisión de electricidad y servicios a empresas, instituciones y gobiernos locales de todo el mundo.

Si bien la empresa ha forjado vínculos fructíferos en Europa y en varios países africanos, aún nada se ha concretizado. El objetivo de Swirl para 2018 era vender 50 aerogeneradores, y espera alcanzar las 200 ventas anuales para 2020. Hess se muestra esperanzado: “Nos estamos acercando a nuestros objetivos gracias a cartas de intención que recibimos a finales de agosto, con pedidos de compra importantes.”

http://swirl.energy/