A partir del 1 de enero del año en curso, las personas o empresas que importan productos en México pagan sólo siete distintas tasas de aranceles, casi de la mitad de las 13 tasas que se impusieron del 2008 al 2012.

El menor número de porcentajes de la tarifa fue resultado de un programa de desgravación y simplificación del comercio exterior de bienes industriales, un cambio que se dio de manera unilateral desde la pasada administración ante los demás miembros de la Organización Mundial de Comercio (OMC).

En el 2013, los productos importados deberán pagar tasas de 0, 5, 7, 10,15, 20 o 25% en las aduanas del país, en las que dejaron de operar las tasas de 9, 24, 30, 35, 40 y 50 por ciento.

La Secretaría de Economía (SE) argumentó que uno de los objetivos de la medida consiste en eliminar las incongruencias arancelarias en las cadenas productivas, de modo que los bienes intermedios tengan aranceles similares entre si y menores a los bienes finales.

De hecho, la SE tenía programado eliminar una tasa más, la de 25%, a partir del 1 de enero del 2013, pero este cambio fue pospuesto para el primer día del 2014, cuando a 94 fracciones arancelarias se les recorte el arancel de 25 a 20 por ciento.

Con los cambios, el arancel más alto aplicado a productos industriales pasará de 50 a 20% y se incrementó ya de 2,179 a 6,871 el número de fracciones arancelarias exentas del pago de arancel.

DISPARIDAD REGIONAL

El gobierno federal adujo que las incongruencias arancelarias resultaban más graves en la medida en que México aplicaba aranceles a los miembros de la OMC con tasas significativamente superiores a las que cobraban sus principales socios comerciales.

Agregó que en la medida que Estados Unidos y Canadá fijaran aranceles más bajos a terceros países para importar materias primas frente a los de México, los productores estadounidenses y canadienses se beneficiaban en el comercio de productos finales en América del Norte, una región liberalizada a su interior.

La Confederación de Cámaras Industriales se opuso en un principio a este cambio estructural en el comercio exterior, arguyendo que varios de los componentes de los costos de producción eran altos México. De forma posterior, lo aprobó a condición de que los niveles de competitividad fueran elevados.

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