El Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (Comexi) presentó el documento “México ante el Espejo: Lecciones Internacionales para la Consolidación del Nuevo Modelo Energético Mexicano” en el que enfatizó los beneficios de garantizar certidumbre y de convertir el desarrollo del mercado energético en un proyecto de país a largo plazo.

En él expone que los resultados del nuevo modelo energético han sido positivos para el país. En cuanto a hidrocarburos, se han firmado 70 contratos que pueden llegar a representar, en el mediano plazo, inversiones hasta por 59,000 millones de dólares, asumiendo éxito. De éstos, el estado recibirá 70% de utilidad promedio sin haber puesto en riesgo recursos públicos o adquirir deuda pública. En cuanto al resto de la cadena de valor de hidrocarburos, se espera 16,223 millones de dólares de inversión para el mercado de gasolinas y diesel provenientes de la multiplicación de estaciones de servicio, almacenamiento y transporte.

La electricidad también avanza. Se han incorporado 28 nuevos participantes al mercado eléctrico mayorista, se han reducido las barreras de entrada y potenciado el acceso abierto a redes. En el ámbito de energías limpias, hasta hoy se han anunciado inversiones por 6,600 millones de dólares que impactarán en la mitad de los estados del país.

A través de este escrito, el Grupo de Trabajo de Energía, integrado por expertos, busca dar seguimiento a recomendaciones emitidas en años anteriores que contribuyeron activamente al proceso de apertura en el 2013 y que sirvieron como base para el diseño e instrumentación de la reforma energética.  El embajador Andrés Rozental, presidente fundador de Comexi, y Mario Gabriel Budebo, director general del Fondo EXI, actúan como coordinadores de este grupo de trabajo.

“Mientras México postergaba los cambios a su modelo energético, el mundo se transformaba rápidamente”, dijo el embajador Rozental durante la presentación del documento. La llegada del presidente Trump ha puesto en duda el futuro próximo del TLCAN, lo que desembocaría en menores grados de certidumbre a la inversión, que podrían impactar negativamente en nuestro desarrollo nacional y, en lo particular, al nuevo modelo energético Mexicano. “Ante este escenario, la mejor ruta sería incorporar las disciplinas del TLCAN al cuerpo de las leyes mexicanas, para no depender de los vaivenes políticos”, concluyó.