Buscar
Opinión

Lectura 3:00 min

Amagos contra la confianza

En paralelo, suspicaz irredento (la burra no era arisca), me pregunto si la conciliación de AMLO con la clase empresarial es auténtica y será permanente.

Bruno Donatello

Como estudioso de la política económica en México, he prestado mucha atención al periodo que se conoce como Desarrollo Estabilizador, el cual transcurrió de 1954 a 1970. Y en las investigaciones sobre el muy notable desempeño que tuvo la economía mexicana en dicho lapso, llegué a la conclusión de que los favorables resultados se explicaban en razón de que durante dicha etapa las autoridades habían preservado con gran cuidado la confianza de los agentes económicos: inversionistas, ahorradores, consumidores y empresarios, lográndose una muy buena marcha de la economía nacional.

Con esos conocimientos a cuestas, me causó gran inquietud en tiempos recientes una serie de decisiones caprichosas y muy poco meditadas que la recién inaugurada administración del presidente López Obrador emprendió sin mayor reparo. No pareció en el momento de la cancelación del aeropuerto, de la fracasada ley para bajar las comisiones bancarias o de la parálisis en que cayó el país por la falta de combustibles que esas acciones pudieran ser tan dañinas para el crecimiento económico. La verdad es que resultaron muy perjudiciales, y ¿para qué? ¿Qué se ganó con tan desorientadas e infundadas acciones?

Con esos antecedentes, me entero por los diarios del pasado martes que el presidente AMLO asistió al cambio en la dirección del Consejo Mexicano de Negocios. Y no sólo eso, sino que en ese foro declaró: “Ustedes (empresarios), son fundamentales para lograr el crecimiento y el bienestar (...) porque es muy importante que se invierta y se generen empleos”. No puedo estar más de acuerdo con ese juicio. Pero, en paralelo, suspicaz irredento (la burra no era arisca, los palos la hicieron), me pregunto si la conciliación de AMLO con la clase empresarial es auténtica y será permanente.

Y entrado en estas reflexiones me pregunto también quiénes serán alrededor de AMLO los factores de conciliación y prudencia, y aparecen las figuras de Urzúa, en la SHCP, y de Alfonso Romo, al frente del recién creado Consejo para el Fomento de la Inversión. E inmediatamente —como ave de mal agüero— viene a mi mente el recuerdo de la figura trágica de Hugo Margáin y la forma en que se cayó del caballo a mediados del sexenio de Echeverría. Mi temor es que a Urzúa y a Romo les vaya a suceder algo semejante durante el sexenio que corre. ¡Ojalá no!

Temas relacionados

Columnista

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí
tracking reference image

Últimas noticias

Noticias Recomendadas

Suscríbete