Cada mes, más de 12 millones 600,000 pesos son erogados por las 31 entidades federativas para la operación de las representaciones de sus poderes ejecutivos en el Distrito Federal, de acuerdo con solicitudes de acceso a la información hechas por El Economista.

Tan sólo 11% de dicho monto es erogado mensualmente por el gobierno de Campeche, ya que para operar su representación -ubicada en una casa de dos pisos en la colonia del Valle- gasta 1 millón 426,628 pesos mensuales, equivalentes a 47,554 pesos diarios. Durante una visita de este reportero, el espacioso inmueble lucía con poca actividad y no más de ocho personas trabajando en él.

A Campeche le siguen Nuevo León (con 1 millón 69,006 pesos), Michoacán (964,718), Sinaloa (848,000) y Chihuahua (709,564 pesos), como los que más gastan en este rubro. Estas cinco entidades representan 40% de todo el monto para representaciones estatales gastado a nivel nacional, al sumar todas ellas un gasto de 5 millones 17,916 pesos.

ACCESO A LA INFORMACIÓN

Mediante el uso de los portales de transparencia de los estados y en algunos casos en las mismas representaciones, El Economista solicitó datos acerca de cuánto dinero es utilizado por cada entidad para el pago de servicios por arrendamiento de inmuebles, servicios personales de los mismos, y por el pago de materiales y suministros, generados en estas sedes ubicadas en el Distrito Federal.

De los 30 estados que respondieron (excepto Colima), sólo seis especificaron pagar renta. Hidalgo resulta la entidad que más paga por su inmueble, el cual está ubicado en Polanco, con 171,891 pesos mensuales de renta.

Le siguen Chihuahua con 157,110 pesos; Nayarit, con 89,075 pesos al mes; Veracruz, con 44,601; Baja California Sur con 29,855 y finalmente Yucatán, con 10,505, cuya representación se encuentra ubicada en la colonia Cuauhtémoc.

FUNCIONALIDAD

Saúl Rodríguez Torres, representante del gobierno de Oaxaca, explica que entre las principales funciones de las representaciones estatales está la de publicitar a los estados, ya sea para efectos de búsqueda de capital o difusión de eventos, además de ser un enlace comunicativo entre las secretarías federales y las entidades.

También refiere que ayudan en la agilización de trámites gubernamentales -tales como actas de nacimiento o pasaportes- y brindan ayuda a paisanos en el extranjero, en casos extraordinarios.

De acuerdo con él, está bien justificado el gasto que las entidades realizan en estas sedes, debido a los beneficios que éstas suponen; no obstante, reconoce que hace falta promoción sobre las potestades que tienen.

OBSOLETISMO

En la era de las comunicaciones, el gasto es inviable: especialistas

De acuerdo con especialistas consultados por El Economista, estos apéndices de gobierno han dejado de ser de verdadera utilidad en la era de las comunicaciones, por lo que representan un gasto que rinde pocos frutos.

Jesús Cantú Escalante, profesor de la Escuela de Graduados en Administración Pública y Política Pública del Tec de Monterrey y exconsejero del IFE, comenta que la labor fundamental de estas dependencias no debería ser la de una oficina de comunicación social, sino la de estar encaminada a promover una estrecha coordinación entre los estados y los poderes federales.

Por su parte, Guillermo Cejudo Ramírez, director de la División de Administración Pública del Centro de Investigación y Docencia Económicas, afirma que actualmente son las propias autoridades las que vienen a representar a sus estados, por lo que han relegado a estas oficinas a meras agencias de publicidad.

Tenían un sentido muy claro (las representaciones) hace tres o cuatro décadas, cuando se tenía la necesidad de los gobernadores de tener representantes en el DF para gestionar o presionar por recursos ante el Poder Legislativo o las propias secretarías federales. Ahora, esto lo hacen directamente los funcionarios estatales,

Quienes vienen al Distrito Federal a la menor provocación... lo cual hace absolutamente redundante la existencia de una representación. Han dejado de tener sentido , acota.

Ambos especialistas coinciden en que, además de que hay un desconocimiento generalizado entre los ciudadanos de lo que estas representaciones significan y ofrecen, los montos erogados en su operación son un gasto innecesario, considerando que duplican funciones que desde los mismos gobiernos se podrían desahogar, como oficinas de comunicación, de promoción industrial o turística; dinero que podría permanecer en las arcas locales.

¿Para qué sirven?

Entre los objetivos de las representaciones estatales está promover a los estados ante los sectores político, económico, diplomático, turístico, cultural y deportivo, así como facilitar trámite de documentos a oriundos de las entidades. También gestionan y difunden eventos estatales, brindan información para capitales interesados en realizar inversiones y sirven de enlace entre las secretarías federales y los gobiernos locales.

ESPACIO EN BLANCO

Sólo seis estados cuentan con un apartado sobre el gasto de sus representaciones en sus portales de transparencia: Michoacán, Morelos, Nuevo León, Zacatecas, Tabasco y Sinaloa; pero los dos últimos no tienen información disponible.

SIN ACCESO A LA INFORMACIÓN

Colima redireccionó dos veces a un presupuesto en el que no había ningún apartado específico en cuanto a su representación, ubicada en Lomas de Chapultepec.

RASTREO EN CUATRO SECRETARÍAS

Cuatro solicitudes se enviaron a Chiapas para: la Secretaría de Hacienda local, Función Pública, Secretaría General de Gobierno y a la Oficina de Apoyo al Gobernador.

CONTACTO PERSONAL

En Oaxaca se acudió a la representación, luego de que las secretarías locales de Finanzas y de Hacienda, así como la oficina del Gobernador no tuvieran la información.

EN NÚMEROS

CAMPECHE

1.4 millones de pesos al mes es el costo que le significa a Campeche su representación estatal. El monto incluye servicios totales.

HIDALGO

171,891 pesos es la renta mensual que paga Hidalgo por el inmueble que alberga su representación estatal.

NUEVO LEÓN

1’069,600 pesos eroga Nuevo León mensualmente para su edificio en el DF.

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erick.ramirez@eleconomista.mx