La pandemia de Covid-19 ha impactado de manera más profunda a las mujeres alrededor del mundo, especialmente a las que se encuentran en el mercado laboral. Por un lado porque forman parte mayoritaria en la primera línea de combate a la contingencia sanitaria, siendo médicas, enfermeras y cuidadoras; por otro lado, porque se han profundizado las brechas de género en las actividades domésticas y la violencia dentro de los hogares se ha disparado a niveles altos.

Las mujeres profesionistas declaran no sólo tener más carga laboral en sus casas, también manifiestan que tienen más carga en sus ocupaciones remuneradas. De acuerdo con una encuesta realizada por Deloitte Internacional, el 82% declaró que sus vidas han sido afectadas negativamente por la pandemia y siete de cada 10 de ellas están preocupadas por su crecimiento profesional; piensan que irá en picada.

“Desde el inicio de la pandemia de Covid-19 todos hemos tenido que adaptar nuestra vida diaria. Sin embargo, las mujeres están siendo impactadas de manera profunda, ya que enfrentan grandes desafíos y, generalmente, asumen tareas más amplias en el hogar mientras continúan haciendo malabarismos con sus carreras”, dijo Emma Codd, Líder de Inclusión en Deloitte Global.

La ONU Mujeres y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) también han alertado sobre el impacto diferenciado de la pandemia para hombres y mujeres; si las empresas y el sector público no desarrollan políticas bajo la perspectiva de género, todo el camino avanzado en materia de inclusión e igualdad podría borrarse.

Del estudio de Deloitte, que recopila las opiniones de 400 mujeres del mundo que tienen un trabajo fuera de casa, se encontró que el 65% dice que desde que inició la pandemia tiene más ocupaciones dentro de su hogar, y el 33% también recibe más tareas de su empleo.

En este sentido, el caso específico de México se confirma con los datos de la Encuesta sobre el Impacto Económico generado por el Covid-19 (ECOVID-ML) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) que refleja que, en comparación con sus pares hombres, las mujeres que trabajan han enfrentado con más fuerza la pobreza de tiempo.

La pobreza de tiempo, como concepto teórico, se entiende como la sobrecarga laboral femenina por actividades dentro y fuera del hogar y que impide que las mujeres se desarrollen individual, emocional, educativa y laboralmente.

En México, durante abril, el mes más estricto en términos de confinamiento, la encuesta del Inegi encontró que un cuarto de las mujeres ocupadas pudieron seguir laborando bajo el esquema del teletrabajo. De ellas casi la mitad (44.6%) declaró que enfrentó un recorte en sus ingresos laborales y el 87.7% aseguró que no ha recibido ningún incentivo o apoyo para enfrentar la crisis.

Las cifras nacionales se alinean con el rastreo realizado por Deloitte a escala global; este estudio también mostró que las principales afectaciones que han experimentado las mujeres que trabajan durante la pandemia son en términos de salud mental, recreación y balance entre vida personal y trabajo; cerca del 40% de las mujeres encuestadas dijeron que la pandemia impactó negativamente en estos rubros. 

Estas condiciones, de acuerdo con un informe emergente en contexto Covid-19 de ONU Mujeres, conllevan un riesgo importante para las mujeres, no sólo en su participación en el mercado laboral, también en su propio desarrollo y bienestar.

Las mujeres que trabajan y que, además, tienen hijos o responsabilidades especificas en el hogar son las más afectadas. El estudio mostró que el total de mujeres que asume más del 75% de las labores domésticas pasó de 17% a 48% de antes de la pandemia al momento de la encuesta. Esto es: casi se triplicó el número de mujeres que trabajan y además realizan casi todo el quehacer y los cuidados en casa.

El caso de México también es especialmente particular en este aspecto; la educación básica se reactivó de manera remota, mediante la televisión, celulares y tabletas electrónicas los niños y adolescentes toman clases. Las mamás, en su mayoría, se han convertido en sus principales guías educativos.

La ENOE (Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo) del Inegi muestra que a partir de la pandemia, salieron millones de mujeres del mercado laboral. Gran parte de las que han regresado se ocupan principalmente en la informalidad o en empleos con jornadas más cortas; esto podría explicarse porque las tareas domésticas, de cuidados y ahora de acompañamiento escolar ocupan gran parte de su tiempo. 

Preocupa el incierto panorama para el desarrollo profesional

El estudio de Deloitte también mostró que a las mujeres que tienen un empleo les preocupa su desarrollo profesional en el corto y largo plazo, debido a la turbulencia que ha generado la pandemia.

El 23% de las mujeres considera que debe estar siempre activa en el trabajo y teme que en algún punto tenga que elegir entre sus actividades laborales o sus actividades del hogar. Un 10% incluso dice que considera la posibilidad de poner en pausa su crecimiento profesional o dejarlo en su totalidad por la falta de tiempo.

“Si bien la gran mayoría de las mujeres encuestadas ven potencial para progresar en sus carreras durante el próximo año, de alguna manera (por ejemplo, obteniendo un ascenso o un aumento de sueldo, cambiando roles o adquiriendo más responsabilidades), 60% se pregunta si quieren continuar con su desarrollo en general, al considerar lo que creen que se necesitará para ascender en sus organizaciones”, resalta el reporte de Deloitte.

La desproporcionalidad en la que se realizan las tareas domésticas no sólo forma parte de un tipo de violencia de género, de acuerdo con la ONU Mujeres, también imposibilita a las mujeres de gozar efectivamente de sus derechos, a la recreación, al trabajo y al desarrollo individual. Adicionalmente también tiene impactos negativos en el mercado laboral; la deserción femenina reduce la tasa de participación laboral de las mujeres y como consecuencia reduce la actividad y producción económica.

En México la tasa de participación laboral masculina es casi del doble que la femenina; mientras que en las labores domésticas las mujeres participan casi con el 80% del total y el 20% restante lo realizan los hombres.

De no implementar políticas a escala institucional, estas brechas podrían profundizarse de manera inédita a causa de la crisis por Covid-19.

El informe de Deloitte resalta que la participación empresarial será clave para que las mujeres puedan continuar con su desarrollo profesional y los avances en materia de género no den pasos atrás: “El próximo año resultarán fundamentales nuestros esfuerzos para lograr la diversidad de género en el lugar de trabajo. Las empresas deben priorizar la flexibilidad, la equidad y la inclusión, para ayudar a las mujeres a lograr sus ambiciones profesionales”.

ana.garcia@eleconomista.mx

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