El empleo fue uno de los indicadores que más rápido y fuerte fue impactado por la llegada del Covid-19 y las restricciones para contener su propagación. En México los meses de mayor reducción de movilidad y actividades económicas fueron abril y mayo, lapso en donde se perdió o suspendió la mayor parte de los empleos.

Las modificaciones en el mercado laboral son diferenciadas para hombres y mujeres, no sólo por la previa composición de desigual de las ocupaciones y los ingresos; también por los nuevos retos que trajo la pandemia: el trabajo en casa y la educación virtual para niños y adolescentes que son detonadores de las disparidades laborales por género.

Desde inicios de la pandemia organizaciones internacionales, nacionales y civiles alertaron sobre la vulnerabilidad especial de las mujeres ante la crisis sanitaria. Las políticas públicas han sido insuficientes para contener la pronunciación de desigualdades en el ámbito laboral; aquí presentamos cinco gráficos que muestran que pasado ya el periodo más crítico de la economía, las mujeres continúan rezagándose en el mercado laboral formal, informal e incluso en el autoempleo.

1. El desempleo y la salida del mercado laboral

El desempleo para las mujeres ha sido más pronunciado. La tasa de desocupación femenina en julio se ubicó en 6.4%; en julio del año pasado se encontraba en 4.0% lo que implicó un incremento de 2.4 puntos porcentuales. Esta cifra es significativamente mayor que para los hombres, cuya tasa aumentó 1.3 puntos.

Además de la población que se quedó sin empleo y que, efectivamente, está buscando uno. También se observó una modificación importante en la tasa de población no económicamente activa, en donde se encuentran todas las personas que no tienen un trabajo pero que tampoco están buscándolo, al menos durante el levantamiento estadístico.

Al corte de julio se observa que esta tasa de mujeres no económicamente activas pasó de 27.3 a 30.4 millones de personas; lo que expresa que cerca de 3 millones de mujeres fueron expulsadas del mercado laboral. Esto se puede explicar fundamentalmente por dos razones: la primera, muchas personas fueron suspendidas temporalmente de sus trabajos y por ello no están en búsqueda; la segunda porque muchas mujeres tuvieron que dejar sus empleos para atender el aumento de actividades del hogar.

Lo que resalta además, es que la mayoría de estas mujeres que salieron del mercado laboral afirma que, aunque no tiene empleo y no está buscándolo, si se lo ofrecieran lo aceptaría. Esta población de mujeres no económicamente activas pero disponibles creció 66% en relación con el año pasado.

2. Menos mujeres con ocupaciones pagadas

Otro de los indicadores que muestran el deterioro laboral de las mujeres con la llegada de la pandemia es el de los trabajos subordinados y remunerados. Independientemente a la posición y el rango del puesto, el total de mujeres con trabajos pagados se contrajo 13.1% en comparación anual.

En julio del 2019 habían alrededor de 14.3 millones de mujeres con ocupaciones remuneradas, para este julio la cifra se redujo a 12.4 millones. Parte de estas plazas que estaban ocupadas por mujeres ahora las ocupan hombres; la pandemia transitó estos empleos pagados hacia la población masculina, que pasó de registrar 23 millones de puestos subordinados remunerados a casi 40 millones.

3. Las mujeres tienen ocupaciones más precarias

Además de la informalidad y mayor desempleo, las mujeres tienen ingresos laborales menores que sus pares hombres y son mayoría en las ocupaciones con el nivel de remuneraciones más bajo.

El rubro de menores ingresos, que contempla percepciones laborales por 3,969 pesos (un salario mínimo diario) al mes como máximo, es donde está gran parte de las mujeres que trabajan. En México 3 de cada 10 (29.7%) mujeres ocupadas está en este grado de ingresos. En el siguiente rubro de ingresos que va desde los 3,970 hasta los 7,393 pesos mensuales se encuentra el 32% de las mujeres.

Sólo un 1.8% del total de trabajadoras posee ingresos superiores a 18,483 pesos al mes, equivalentes a más de cinco salarios mínimos al día.

4. Emprendedoras y pequeñas comerciantes cerrando sus negocios

Los pequeños negocios donde trabajan mujeres mexicanas también han sido fuertemente impactados por el Covid-19; el año pasado durante julio se registraban 9.1 millones de mexicanas laborando en microneogocios, para este año la cifra se recortó a apenas 7.8 millones. Esto es, la población ocupada en este sector se achicó en casi la mitad.

Las mujeres más afectadas son las que trabajan en negocios familiares o comercios que ni siquiera tienen establecimientos fijos. Las mujeres que trabajan en este sector se redujeron de 4.6 millones a 4.0 millones; poco más de 600,000 puestos femeninos en este sector se eliminaron.

La eliminación de plazas en este rubro es importante debido a que, incluso antes de la pandemia, la mayoría de las mujeres ocupadas en micronegocios se encuentra más vulnerable en términos laborales. Especialmente los comercios que no tienen establecimientos, que mayoritariamente pertenecen a la informalidad, la ausencia de protección laboral y prestaciones sociales.

5. Miles de trabajadoras domésticas perdieron sus empleos

En julio del 2020 el total de trabajadoras domésticas remuneradas en México se ubicó en 1.4 millones mientras que en el mismo lapso del 2019 esta cifra era de 1.6 millones.

Exactamente 231,813 mujeres perdieron sus ocupaciones y sus ingresos laborales incluso después de que las autoridades ya permitieron el regreso de las trabajadoras a sus actividades, que estuvieron paralizadas oficialmente durante los meses de abril y mayo.

En este sector las mujeres representan el 90% del total de ocupados, liderando en la limpieza de hogar y cuidados a terceros. Mientras que el 10% restante que representan los hombres se dedica a realizar trabajos de jardinería o transporte personal.

ana.garcia@eleconomista.mx