El sector bancario español ha visto cómo la directiva europea de servicios de pago (PSD2), que entró en vigor el pasado mes de enero, se ha ido desarrollando a lo largo de este año y que culminará en el 2019, obligará a todos los bancos a entregar datos de clientes a terceros y competidores de otros sectores que hayan obtenido un consentimiento expreso para ello.

Esta medida, planteada por las autoridades comunitarias como un impulso a la competencia en el sector financiero, tiene en pie de guerra a los bancos españoles que, tanto a través del presidente de la Asociación Española de Banca (AEB), José María Roldán, como a través de la presidenta de Santander, Ana Botín, llevan meses alertando sobre la existencia de una «asimetría regulatoria» que sitúa en una posición competitiva de desventaja a las entidades frente a compañías tecnológicas o de sectores como las telecomunicaciones.

Santander, BBVA y CaixaBank consideran que las autoridades europeas tienen que revisar su marco regulatorio sobre protección de datos para equilibrar la actual situación (que obliga a las entidades a proporcionar datos a terceros), de forma que grandes tecnológicas como Google, Amazon o Facebook, así como los operadores de telecomunicaciones, abran también sus datos a terceros que hayan obtenido un consentimiento por parte de los usuarios.

Así lo manifestaron durante la celebración de las segundas jornadas Banking Lab, organizadas por la AEB en la escuela de finanzas Cunef, en Madrid. En opinión de Álvaro Martín, economista especializado en regulación financiera de BBVA, “una mayor competencia es buena, pero tiene que haber un punto en el que se tiene que reequilibrar para evitar ventajas injustas”, indicó, durante su participación en el debate.

Un análisis similar expuso Gloria Hervás, manager de Public Policy en Santander, para quien el péndulo regulatorio se fue demasiado lejos en cuanto a la apertura a nuevos competidores, obligando sólo a los bancos a abrir sus datos a terceros. “Hay que explorar la conveniencia de que los datos de otras compañías puedan ser transmitidos a terceros, siempre con consentimiento”, propuso.

Hervás apostó por “desconsolidar” parte de las actividades más innovadoras dentro del sector bancario y fintech, de forma que se sitúen al margen de los elevados costos que conllevan la regulación bancaria. “A lo mejor hay que pensar en negocios que queden fuera de esta supervisión bancaria tan estricta”, opinó.

“Los reguladores tienen el reto de mantener un campo de juego equilibrado preservando la seguridad y la entrada de nuevos competidores”, señaló por su parte Xavier Vives, profesor de Economía y Finanzas de la escuela de negocios IESE y consejero independiente de CaixaBank.

Competencia para las actividades más rentables 

Precisamente para analizar el desafío que supone para la banca la competencia de gigantes como Google, Amazon o Facebook, el encuentro organizado por la AEB en Cunef presentó el estudio Big tech banking, firmado por Miguel de la Mano y Jorge Padilla, de la consultora especializada en temas de competencia Compass Lexecon.

Los autores del estudio consideran que, “inicialmente”, la entrada de las grandes tecnológicas en el sector bancario puede suponer un impacto positivo en cuanto a una mayor competencia. Sin embargo, advierten que a largo plazo la banca se expone a un desafío existencial, lo que podría derivar en riesgos para la estabilidad financiera.

El origen de estos riesgos estaría, tal y como señalan estos dos analistas, en la esencia misma del negocio de estos gigantes bigtech y su estrategia de negocio “de envolvimiento”, probada ya en múltiples sectores.

Así, las grandes tecnológicas como Google o Amazon entran a competir (con éxito casi asegurado por sus precios fuera de mercado) en aquellos segmentos de actividad más rentables, como la originación o la distribución de préstamos. Otras actividades con más costos regulatorios o menos rentables, como la captación de depósitos, en cambio, quedarían al margen de las aspiraciones de estas compañías globales.

Si esta dinámica de entrada en el mercado bancario se acaba reproduciendo (como ya ocurriera en otros sectores), las entidades financieras irán reduciendo progresivamente su peso en la economía, en favor de estos gigantes. Esto podría resultar, según alertan los autores de este estudio, en mercados bancarios todavía más concentrados que en la actualidad, “por lo que nuevos y mayores riesgos morales y problemas de selección adversa podrían amenazar la estabilidad financiera”, advierten.

La solución propuesta por Padilla y De la Mano es limitar la capacidad de estas grandes corporaciones de controlar los datos de millones de usuarios en exclusiva. Así, apuestan porque los reguladores obliguen a compartir estos datos: “Las plataformas a partir de un cierto tamaño tendrán que garantizar el acceso a otros, incluyendo los bancos tradicionales, de los datos transaccionales, incluyendo datos personales, a partir del consentimiento de los clientes”, señalan en las conclusiones del documento presentado.