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Preparación de la vivienda ante un sismo comienza dentro del hogar

Identificar riesgos, definir rutas de acción y revisar las condiciones del inmueble son parte de las medidas que pueden reducir la exposición de las familias ante un movimiento telúrico

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Los sismos pueden generar daños en viviendas e infraestructura, por lo que la prevención y la preparación resultan fundamentales para reducir riesgos ante un movimiento telúrico.Foto: Especial.

Fernando Gutiérrez

La preparación de una vivienda ante un sismo no se limita a conocer las rutas de evacuación, también requiere identificar los riesgos dentro del inmueble y establecer con anticipación qué hacer antes, durante y después de un movimiento telúrico.

Jocelyn Vargas, directora general de Vase Sísmica e ingeniera geofísica especializada en sismología aplicada, recomienda que las familias conozcan las condiciones de su vivienda, identifiquen las zonas de menor riesgo y definan con anticipación las acciones que deberá realizar cada integrante ante un sismo.

“Estar acostumbrados a los sismos no significa estar preparados. Un protocolo verdaderamente útil debe funcionar si el movimiento ocurre de noche, si la familia está separada, si una persona tiene movilidad limitada o si la alerta ofrece apenas unos segundos para reaccionar”, explicó Vargas.

Los sismos de septiembre del 2017 muestran la dimensión que puede alcanzar este riesgo para las viviendas. De acuerdo con el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred), durante ese año resultaron afectadas 190,867 viviendas y 95.8% de esos daños estuvo relacionado con los movimientos sísmicos de septiembre.

El simulacro debe revelar fallas

Más que medir cuánto tarda una familia en salir de su vivienda, el ejercicio debe permitir detectar qué ocurre cuando alguno de los escenarios previstos se presenta, como la ausencia de un integrante, la presencia de una persona con movilidad limitada o una ruta de salida obstruida.

También debe establecerse quién apoyará a menores de edad, adultos mayores, personas con discapacidad o mascotas, además de definir un punto de reunión para facilitar la localización de los integrantes de la familia.

“Un simulacro exitoso no es necesariamente el más rápido, sino el que permite identificar qué puede fallar y corregirlo antes de una emergencia real”, destacó Vargas.

Vargas señaló que la evacuación tampoco debe realizarse de forma automática en cualquier circunstancia. Si el movimiento ya comenzó, la persona se encuentra en un piso elevado o la ruta de salida presenta riesgos, abandonar el inmueble puede aumentar la exposición.

La alerta sólo da segundos para reaccionar

La alerta sísmica no representa una predicción, ya que se activa después de que un movimiento comienza y permite advertir a determinadas poblaciones antes de la llegada de las ondas sísmicas más intensas.

De acuerdo con información de Ciencia UNAM, basada en datos del Centro de Instrumentación y Registro Sísmico y Cenapred, el Sistema de Alerta Sísmica Mexicano puede ofrecer entre 20 y 120 segundos de anticipación, según la distancia entre el epicentro y la población alertada.

Ese margen no es igual para todos los movimientos. Un sismo originado frente a las costas de Guerrero, Oaxaca, Chiapas y Michoacán puede ofrecer más tiempo a la Ciudad de México que uno con epicentro en Puebla, Morelos o el Estado de México.

“Ganar segundos no significa que todos tendrán tiempo para evacuar. Significa contar con una oportunidad para alejarse de vidrios, suspender una actividad peligrosa, proteger a un menor, apoyar a una persona con movilidad limitada o ubicarse en una zona de menor riesgo”, explicó Vargas.

La alerta también puede llegar a teléfonos celulares mediante el sistema de difusión celular o cell broadcast, tecnología que no requiere una aplicación ni conexión a internet. Durante un simulacro, los usuarios pueden comprobar si reciben la señal, reconocen el sonido y saben cómo actuar.

Las afectaciones tampoco terminan cuando deja de moverse el suelo. Después de los sismos de septiembre del 2017, 16.1% de los establecimientos consultados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en las ocho entidades más afectadas reportó daños en su infraestructura o afectaciones en los servicios que prestaba.

En ese mismo ejercicio, 39.3% de los establecimientos suspendió actividades y, entre los negocios que cerraron, 22.6% permaneció inactivo durante más de tres días.

Por ello, la preparación también debe contemplar las acciones posteriores al movimiento y los mecanismos de comunicación entre los integrantes de la familia.

Fernando Gutiérrez

Fernando Gutiérrez es editor de EconoHábitat

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