Buscar
EconoHábitat

Lectura 4:00 min

El riesgo climático aumenta donde la vivienda crece sin ordenamiento territorial

La vivienda enfrenta una amenaza creciente por el cambio climático, con una proyección de 167 millones de hogares destruidos por riesgos climáticos hacia el 2040

main image

Los desastres naturales representan un desafío para las ciudades, la infraestructura y las comunidades, ante el impacto de fenómenos como inundaciones, huracanes, sismos e incendios.Ilustración EE: Laura Castillo

Samanta Escobar

La vulnerabilidad de una vivienda ante un desastre no depende únicamente de los materiales con los que fue construida. La ubicación determina buena parte de la exposición al riesgo, en especial cuando las ciudades carecen de planeación y de instrumentos adecuados de ordenamiento territorial.

Para expertos de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), reducir esta exposición requiere replantear la forma en que se toman las decisiones sobre dónde y cómo crecen los territorios, con la vivienda como uno de los principales ejes de la gestión de riesgos.

De acuerdo con el Informe Sobre las Ciudades del Mundo 2026, elaborado por ONU-Hábitat, el cambio climático representa una amenaza creciente para el desarrollo habitacional. Se proyecta que los peligros relacionados con el clima destruirán 167 millones de viviendas para el 2040.

Tan solo en el 2023, las catástrofes naturales generaron 280,000 millones de dólares en pérdidas económicas globales, la mayoría de las cuales no estaban aseguradas.

“No podemos hablar de vivienda adecuada sin abordar la gestión de riesgos. El hogar es en donde el riesgo climático se vuelve tangible. Se manifiesta en una inundación, un deslizamiento, el calor extremo o un sismo; fenómenos en los que lo primero en ser afectado es el patrimonio y la calidad de vida de las personas”, comentó José Alfonso Iracheta Carroll, subsecretario de Ordenamiento Territorial, Urbano y de Vivienda en la Sedatu.

Vivienda ante desastres

El funcionario destacó que situar a la vivienda en el centro de la conversación sobre resiliencia es urgente, en un contexto en el que se reportan efectos por fenómenos naturales que no se habían visto antes en la historia. Tal es el caso de lo ocurrido esta semana en Nepal, donde una riada dejó cientos de pérdidas humanas.

“El cambio climático es uno de los mayores retos para los países, no solamente reconstruir después de cada desastre, sino construir desde ahora territorios capaces de enfrentar mejor los desastres de mañana”, dijo Ana Isabel Amador López, de la dirección general de Gestión Integral de Riesgos y Cambio Climático de la Sedatu.

La experta informó que en el 2025 las lluvias torrenciales dejaron 21,879 viviendas afectadas en Hidalgo, Puebla y Veracruz por inundaciones, desbordamientos y deslizamientos.

“Tenemos que observar la vivienda en relación con el territorio donde está edificada, qué hay alrededor. El fenómeno natural es solo una parte del problema, las consecuencias están relacionadas con las condiciones de exposición y las vulnerabilidades de cada zona”, aseguró.

La vulnerabilidad, explicó Amador, no se limita a las condiciones físicas de las viviendas, también existen vulnerabilidades sociales, económicas y políticas, factores que pueden profundizar el impacto de un desastre, sobre todo en zonas afectadas con frecuencia y sin acciones de reordenamiento.

Riesgo y desigualdad urbana

Este escenario coincide con el análisis de ONU-Hábitat, que advierte que los daños por desastres naturales no se distribuyen de manera uniforme. Los asentamientos informales y las comunidades de bajos ingresos enfrentan una “exposición desproporcionadamente alta”, situación que profundiza las desigualdades habitacionales.

“En muchas regiones en desarrollo, el predominio de la vivienda informal, que representa hasta 80% de la construcción residencial, subraya el papel del sector para impulsar un desarrollo urbano sostenible”, advierte el organismo.

Es por ello que la relación entre vivienda, territorio y riesgo cobra relevancia ante el crecimiento de las ciudades. Desde la Sedatu, una de las estrategias para cerrar esta brecha consiste en actualizar los instrumentos de ordenamiento territorial a nivel municipal y vincularlos con los Atlas de Riesgos.

Prevención antes de reconstrucción

Para Iracheta, una de las principales barreras es que en México y gran parte de América Latina los gobiernos y la sociedad son más reactivos que preventivos.

Este enfoque debe cambiar, ya que la reconstrucción de las comunidades resulta mucho más costosa que la prevención, no solamente en términos financieros para los gobiernos, sino también por los costos que enfrentan las familias para recuperar sus patrimonios.

“Un enfoque preventivo implica tomar decisiones en materia de suelo, ordenamiento, regularización y políticas para crear reservas territoriales que sirvan para la producción de vivienda adecuada”, apuntó el subsecretario.

tracking reference image

Últimas noticias

Noticias Recomendadas

Suscríbete