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Diez años de la Torre BBVA: innovación, sostenibilidad y legado urbano
El rascacielos de 235 metros que redefinió el skyline capitalino cumple una década como referente arquitectónico

Torre BBVA
A una década de su inauguración, la Torre BBVA se ha consolidado como uno de los referentes de la evolución del diseño arquitectónico, la sostenibilidad y la ingeniería sísmica en México y América Latina.
El rascacielos de 50 pisos y 235 metros de altura se ha convertido en un elemento icónico que, junto con la Torre Mayor, conforma una suerte de portal hacia una de las zonas financieras más importantes del país, el Paseo de la Reforma.
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Diseñado a través de la colaboración conocida como LegoRogers, que unió a la firma mexicana Legorreta con la británica Rogers Stirk Harbour + Partners (RSHP) de Richard Rogers, el rascacielos requirió siete años de construcción. Hoy alberga a más de 5,000 empleados.
“Quizá el momento más feliz de haber realizado este proyecto es hoy. Ver al edificio funcionando, que después de 10 años los usuarios estén contentos y que a los habitantes de la ciudad les guste es la mayor satisfacción como arquitecto”, comentó durante un conversatorio Víctor Legorreta, director general del despacho Legorreta.

Torre BBVA
Sostenibilidad e identidad
La Torre BBVA cuenta con certificación platino bajo los estándares Leadership in Energy & Environmental Design (LEED), uno de los sistemas de evaluación ambiental más exigentes a nivel internacional.
La fachada es uno de sus rasgos más distintivos, ya que, según Legorreta, integra una celosía inspirada en patrones mexicanos de la arquitectura popular y moderna, que además enmarca una vista privilegiada hacia el Bosque de Chapultepec.
“Hicimos la propuesta de colores para la celosía: gris y morado. Richard Rogers dijo ‘tiene que ser morada’, porque en ningún otro lugar del mundo me dejaran hacer una torre de 50 pisos de ese color”. Ese es el espíritu: un edificio eficiente, pero también alegre y humano”, afirmó Legorreta.
Más allá de lo estético, el diseño cumple funciones técnicas: la celosía protege el interior del calor de forma orgánica y contribuye a reducir el consumo energético asociado a los sistemas de aire acondicionado.
Además, Georgina Robledo, directora asociada de RSHP, explicó que el esquema estructural del edificio está basado en la eficiencia tanto operativa como constructiva.
“El diseño generó una reducción del tonelaje de acero, que no sólo disminuyó el costo, sino también la huella de carbono”, compartió.
Innovación frente al riesgo sísmico
Para Legorreta, una de las partes más innovadoras del edificio es su adaptación a las condiciones sísmicas, pues el rascacielos se levanta en lo que fue la orilla del antiguo lago de Texcoco, una zona con suelos blandos.
Solo la cimentación tomó alrededor de un año e implicó un amplio esfuerzo técnico. Se construyó un muro Milán (estructura de contención de concreto) alrededor del terreno a 52 metros de profundidad. Esta solución permitió estabilizar el predio y mitigar riesgos.
A diferencia de esquemas tradicionales que concentraban la resistencia estructural en el núcleo central, la Torre BBVA incorpora un sistema de estructuras diagonales en el perímetro que absorbe las fuerzas de movimiento, lo que la hace menos susceptible a un colapso.
Actualmente, el edificio cuenta con un sistema de sensores que han monitoreado su comportamiento ante sismos. De acuerdo con los arquitectos, las respuestas estructurales han sido incluso mejores a las previstas en el diseño y la torre ha funcionado como laboratorio de estudio en la ciudad.
Flexibilidad en la cultura corporativa
El edificio también ha acompañado la transformación cultural de la institución financiera. Rafel Ajenjo Rodríguez, director de operación y sostenibilidad de inmuebles y servicios corporativos de BBVA, explicó que los espacios físicos han sido clave en esa evolución.
“Los espacios se adaptan a las nuevas generaciones, a sus nuevas formas de trabajar. Esto motiva y mejora la productividad”, aseguró.
En palabras de los arquitectos, la gran lección para la arquitectura luego de la pandemia fue la necesidad de estructuras flexibles y adaptables al cambio, ante escenarios laborales y sociales inciertos en los próximos 10 o 20 años.
“A 10 años de operación, la torre comprueba que hay que ir más allá de lo establecido. Vale la pena, porque todo lo que ahora es normativa en algún momento fue innovador. Cada diseño es una oportunidad de cuestionar”, apuntó Robledo.

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